30 oct 2020

MEMORIAS DEL CONFINAMIENTO. MEJICO. MIGUEL

 

Miguel Pozuelo Utrilla desde Méjico. 

La pandemia nos revela la semilla del Evangelio sembrada en toda la humanidad

En el Evangelio de Jesús, revelación de nuestro Padre y Creador, hay dos ideas claves, que nos importan

de modo fundamental en esta breve exposición sobre la misión y la fe.

La misión para los discípulos de Cristo no solo es una tarea sino un compromiso que da sentido al seguimiento de Jesús, se trata de continuar la obra de nuestro Maestro y Señor: vayan a todos los pueblos y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado (Mt. 28, 19-20); se trata de una

acción universal.

Otro principio clave es el mandamiento del amor, que en lenguaje sociológico hoy también lo llaman muchos solidaridad o fraternidad universal: amar a Dios y al prójimo, no hay mandamientos más importantes que estos (Mc. 12, 30-31), que Jesús lo complementa al decir “lo que hacen por uno de estos más pequeños que son mis hermanos lo hicieron conmigo” (Mt. 25, 40), o más directas las palabras de San Juan “¿Cómo puedes amar a Dios a quien no ves, si no amas a su hermano a quien

estas viendo? (1Jn. 4, 20)

Bien, pues estos dos criterios claves para poder decir ¡aquí hay un cristiano!, en esta pandemia han quedado evidenciados en cientos, miles, quizá millones de seres humanos de toda raza, credo y nacionalidad, y se ha manifestado como una gran luz de esperanza en multitud de pueblos y culturas sin distinción de su dimensión, de su ideología u organización social. Estamos ante un fenómeno

humano que podríamos denominar como una multitud de “cristianos anónimos”[1].

Ha sido como un teatro, preparado para una gran obra de teatro, si se abre el telón antes de comenzar a ejecutarse la obra, se puede ver claramente todo el decorado, que es parte fundamental de la obra teatral, pero no se ven los artistas ni los tramoyistas que lo han preparado... en medio de la pandemia nuestra vida sigue, y aunque no llegó aún la hora de la normalidad, hay una inmensidad de seres humanos que apenas se ven, que anónimamente demuestran diariamente su amor al ser humano

como ser humano, desde sus trincheras de lucha contra el virus

Lo hacen los profesionales de la salud y el inmenso equipo que los apoya en tareas indirectas, pero fundamentales, en los hospitales, laboratorios y transportes; lo hacen todos los que cuidan el orden y el cumplimiento de la ley; lo están haciendo tantos miles que trabajan por el mantenimiento de los bienes fundamentales para la vida; y de manera muy especial los padres y madres de familia, sobre todo de los sectores empobrecidos, que tienen que tirarse a la calle, apenas sin medios de protección, para poder llevar comida a sus familias, en la precariedad de tantos días de confinamiento;

confinamiento que hubo, hay y seguramente seguirá habiendo.

La pandemia está siendo como un gran derrumbe en una enorme pared rocosa; catástrofe que ha dejado al descubierto una gran gruta, en la cual podemos hallar vestigios prehistóricos, y valorar en

ellos nuestro género humano y nuestra historia.

Diciendo lo mismo en términos más cristianos, la pandemia ha dejado al descubierto que la “semilla del Evangelio”[2], que llega al ser humano y a los pueblos aun antes que llegue el primer misionero, está presente y germinando en multitud de personas y pueblos. El Espíritu Santo es el primer y gran misionero, y nosotros como tales debemos llegar para detectar y admirar esa semilla en crecimiento, donde están implícitos los valores del Evangelio, y nosotros hacer allí explícita la palabra de Jesús,

compartiendo con estos pueblos sus valores y su capacidad solidaria.

Cierto que “no es oro todo lo que reluce” y la situación tiene sus elementos de egoísmo y de instrumentalización política... ahí está también la labor misionera de la Iglesia junto a tantas personas de buena voluntad: “trabajen para que los seres humanos de nuestro tiempo despierten a la práctica de la verdad y la caridad revelada por Dios”[3]



[1] Concilio Vaticano II. Lumen Gentium n. 16; cfr Gaudium et Spes n. 22 4

   Karl Rahner et les chrétiens anonymes, Études, 361 (1984) 521-535

[2] Concilio Vaticano II. Ad gentes 11 y 15

   Documentos del CELAM en: Medellín 6 n. 5  y  Puebla n. 401

 

 

 

[3] Concilio Vaticano II. Ad gentes 11  

28 oct 2020

MEMORIAS DEL CONFINAMIENTO. REPÚBLICA DOMINICANA. ANTONIO

 

Soy Antonio Fernández, misionero de la diócesis de C. Real, a través del IEME, en la diócesis de Barahona, República Dominicana. El Covid 19 empezó a extenderse en el país después de las elecciones municipales de marzo 2020 y de las celebraciones de los ganadores. Un foco intenso apareció en S. Francisco de Macoris entre la clase política y allegados. Con la cuarentena se ralentizó mucho el virus, pero se detuvo la vida social y económica. El gobierno acudió con planes sociales y raciones secas de comida a sostener la población desempleada. Los más vulnerables fueron los migrantes, sin acceso a estos planes, y cientos de miles que vivían del empleo informal, detenido también. Más de dos meses de cuarentena, con los negocios cerrados, acabó con los mínimos ahorros que podían tener. A partir de final de mayo empezó la desescalada, manteniendo el toque de queda en las noches. Los negocios empezaron a abrir tímidamente, no así los hoteles dejando en quiebra la industria principal del país, que es el turismo. En R. Dominicana el 70% de las viviendas están en condiciones lamentables, pequeñas, con mucha gente dentro, sin posibilidad de estar confinados por falta de espacio. Gracias a Dios la vida en los patios de las casas, bajo árboles ayudo a sobrellevar esta limitación.

Las Iglesias también cerraron, como las escuelas, oficinas e instituciones del gobierno. Pero desde Pastoral Social Cáritas iniciamos campañas para conseguir alimentos crudos para poder llevarlos a los más necesitados de nuestras parroquias. El gobierno facilitó unas miles de raciones en bolsas plásticas, que repartíamos desde las parroquias, casa por casa. Pero con la campaña política por las elecciones presidenciales y al congreso, las administraron ellos, para ayudar su campaña.

En Barahona, donde vivo y trabajo, recibimos el apoyo de Manos Unidas y Adveniat(Iglesia alemana) y una colecta entre amigos hecha por las redes, para responder a esta emergencia alimentaria. Ya algunos empleados del obispado, de los pocos que venían a trabajar, resultaron infectados y siguieron en casa hasta su recuperación. Con voluntarios de las parroquias de Barahona preparamos en varias ocasiones mil cajas de alimentos y productos de higiene, para repartir desde las 24 parroquias de la diócesis, a unas 40 familias por parroquia. Las parroquias venían al obispado a por las cajas y las repartían casa por casa entre los que no recibían ayudas del gobierno, muchos de ellos inmigrantes haitianos.

También incluía estos proyectos de emergencia microcrédito para capitalizar pequeños negocios arruinados por la cuarentena. Así, seleccionados por las parroquias, hemos facilitado unos 100 pequeños préstamos para que retomen sus actividades. Las Iglesias abrieron, a partir de junio, con aforo limitado. Muchos mayores han seguido las celebraciones litúrgicas a través de la radio, televisión o Facebook de algunas parroquias.

En las elecciones celebradas en julio, ha habido un cambio del partido del gobierno (con 16 años en el poder). Para muchos una nueva esperanza, otros muchos empleados públicos pierden sus empleos al no ser del partido ganador.

Como Iglesia, en todo el país, hemos estado atentos a los más pobres, facilitándoles alimentos, buscando en empresas, proyectos, ayudas para sostenerlos, Sólo en la diócesis de Barahona hemos podido atender a unas 130.000 personas con alimentos en ocasiones. Los comedores infantiles y hogares de día para ancianos han continuado ofreciéndoles las raciones sin cocinar.

Las tormentas tropicales Isaías y Laura dañaron las tierras de cultivo de gran parte de los productores de plátanos de la región, abriendo otra área de emergencia. En Pedernales el río muy desbordado destruyó totalmente 20 viviendas dejando sin nada a esas familias. Desde la parroquia y Cáritas diocesana y nacional estamos apoyándoles con colchones, tanques de gas, cocina, mosquiteros, sábanas, alimentos y otros productos de gran necesidad.

Ahora el 2 de noviembre inician las clases de manera virtual, a través de TV, radio, internet. Las limitaciones con la energía eléctrica, el bajo potencial del internet ante uso masivo de usuarios está bloqueando las redes frecuentemente. Los profesores están aprendiendo aceleradamente el uso de medios electrónicos para dar clase. Pero en una casa pobre, con varios hijos en distintos cursos, sin internet, ¿qué programa podrán seguir?

La vida al aire libre de la mayoría de la población ha ayudado a menor tasa de contagios que en otros países, pero los contagiados continúan; el sistema de salud necesita refuerzo continuado; las parroquias intentan reinventarse para sus catequesis, pastorales diversas. Las reuniones masivas siguen prohibidas y los mayores con temor de salir de sus hogares. Pero la diócesis, a través de sus agentes de pastoral, procura seguir ofreciendo el evangelio, la formación aún a distancia o por las redes sociales, la iniciación cristiana, la espiritualidad, el acompañamiento y la solidaridad a los habitantes de la región.

La Pastoral Social Cáritas de la diócesis, donde trabajo principalmente, hemos retomado hace tiempo proyectos de reparación de viviendas, letrinas, agroforestales, de seguridad alimentaria, microcréditos, atención con medicinas a personas sin recursos, etc. Son pequeñas acciones que van levantando ánimos, ayudando a recuperarse a la gente y dando a conocer el amor que Dios Padre nos tiene, a través de nuestras obras.

MEMORIAS DEL CONFINAMIENTO. MALI. ANGELA

 

Angela Garcia en Mali. 

En mi zona  hasta el día de hoy no ha habido ningún caso del   COVID- 19.

¿Qué medidas se han tomado?, las mismas  que en todas  partes, lavado de manos, la  máscara, la distancia, etc. Los  colegios  cerrados,  las  Iglesias también, suspendidas  todas las reuniones de formación, como Catequesis, preparación  al Bautismo, ninguna manifestación  de Pascua.

Todo esto en cuanto a  la Misión, Parroquia, Comunidad  Religiosa y  hermanas.

7 meses de tristeza sin  poder visitar ni  los poblados ni la gente  que tanto  agradecen  la  visita de las  hermanas.

Las religiosas de María Inmaculada  como tenemos  el Centro de Salud  hemos  trabajado todos los días, pero  no hemos registrado  ningún  caso hasta el  día de hoy.

En Bamako  la Capital y la   Región  de Kayes  que están  próximas  a Senegal, parece  que  si  ha habido más. En El  Mali se han registrado 2.940  casos detectados  de los cuales  2.302  curados  y 124  muertos.

¿Por qué creemos que no habido muchos  casos?  Principalmente  por la  MISERICORDIA  de DIOS. EL NOS PROTEGE.

Es un país con mucha pobreza y miseria, ¿cómo se van a encerrar en sus casas las personas, si no  las  tienen? .La mano de Dios nos ha  salvado.

Otro factor es  El Sol. El calor. Si hay gente que muere por ello pues también  el VIRUS .NO?

Demos gracias a Dios por  todo,  Hemos sufrido muchos los  misioneros por lo que pasaba  en  nuestra  España y  en el Mundo más que por nosotros   mismos.

Esperamos  que siga así  y que   pronto lo recordemos  como algo que pasó. Un  abrazo con mi  Oración  y cariño.                              Ángela. RMI

21 oct 2020

MEMORIAS DEL CONFINAMIENTO. BOLIVIA. ANTONIO.

   


Antonio Delgado. Sacerdote.

1.- ¿Cómo ha afectado el COVID-19 en La Paz?

El COVID-19 llegó a Bolivia el 10 de marzo, cuando se anunciaron los 3 primeros casos confirmados. 9 días después se reportaba el primer paciente confirmado en La Paz y desde ahí la curva de contagios comenzó a subir en todo el país hasta números muy alarmantes. Los picos más altos sobrepasaban los dos mil contagios en un día.  El gobierno nacional decretó Emergencia Sanitaria el 12 de marzo, decretando una cuarentena rígida en todo el país, con cierre de escuelas y cualquier actividad considerada no esencial. Eso permitió retrasar la ola de contagios, que tuvo sus peores momentos entre julio y septiembre. Las medidas de restricción de actividades comerciales pusieron a muchas familias en situación muy complicada de acceso a alimentos y a medicamentos; tanto por la dificultad para poder acceder a ellos en centros de abastecimiento, como por la falta de ingresos para adquirir los productos a precios que inmediatamente se dispararon en el mercado.

 

Las ciudades de El Alto y La Paz, si bien son ciudades distintas, se encuentran unidas. La Paz en la hoyada y laderas y El Alto en toda la planicie altiplánica. Ambas se caracterizan por tener mucho movimiento en las calles: desde el comercio informal con ferias y vendedores callejeros hasta los famosos cafés donde se encuentran los amigos. Todas esas familias dedicadas al comercio informal, se vieron, de golpe, sin ningún ingreso y ante un mercado escaso de alimentos y medicamentos fundamentalmente. El gobierno central estableció varias medidas de ayuda económica a las familias y el gobierno municipal repartió canastas solidarias a las familias más necesitadas y kits de medicamentos considerados esenciales para la mitigación de los síntomas.

 

Durante meses las calles permanecieron vacías, mientras que los hospitales se iban llenando de pacientes con alto nivel de carga viral, escaseaba el oxígeno y las farmacias adolecían por la falta de medicamentos esenciales para ayudar a paliar los síntomas del contagio. Aquí, como en todo el mundo, todos sufrimos la pérdida de un familiar o un amigo por culpa del COVID-19. Es triste contarlo, pero incluso se dieron situaciones en las que las ambulancias fueron registradas o incluso apedreadas y el personal de salud fue amenazado por personas que aprovecharon la pandemia para difundir un discurso que promoviera la inestabilidad política.

 

Sin embargo, el 1ro de agosto se declaró la flexibilización de las medidas, con la instalación de una cuarentena escalonada y condicionada, la que en el caso de La Paz, se mantiene hasta hoy.  En las últimas semanas mucho ha cambiado el panorama. Aunque en términos formales se mantienen ciertas restricciones, en la práctica la ciudadanía ha abandonado el confinamiento, sin tener en cuenta que el virus sigue entre nosotros. En las zonas más pobres y en El Alto, el comercio ha retomado su ritmo imparable y el clima político, cerca de las elecciones nacionales de octubre, ha acrecentado las dudas ante la pandemia.

 

A pesar de las súplicas de las autoridades de mantener un alejamiento físico y de no arriesgar la salud, los ciudadanos han continuado con sus trabajos y sus quehaceres callejeros. A pesar del miedo, los habitantes de estas ciudades demostraron ingenio, creatividad y solidaridad: millones de bolivianos apoyaron los negocios de emprendimiento local y novedoso. Los buses pequeños recorrían los barrios llevando verduras y frutas a los barrios y los comerciantes se dieron maneras de satisfacer las demandas de la población.

 

 

2.- Acciones de la Iglesia y las misiones particulares.-

 

En cuanto a la acción de la Iglesia, si bien las actividades religiosas y de culto fueron prohibidas también rígidamente en los primeros meses, la Iglesia no se quedó de brazos cruzados. Muchas Parroquias buscaron la manera y los recursos para llevar alivio a las familias más afectadas, y fueron muchas actividades que se pusieron en marcha para este fin. La Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, que cuenta con unos 6000 alumnos y unas 600 personas entre docentes y administrativos y tiene 25 carreras logró inmediatamente poner en marcha un plan de adecuación metodológica para mantener a los estudiantes avanzando contenidos del semestre. Hoy se cuenta con las mejores plataformas de educación virtual a nivel mundial; también se ha ayudado con fondos propios a estudiantes trabajadores que vieron afectados sus ingresos, con becas que van desde el 10% para todos hasta el 70% en casos muy particulares. Lo que ha supuesto para la Universidad más de un millón de Euros (su equivalente). Los trabajadores administrativos autorizaron el descuento de una parte de su sueldo para destinarlo a un fondo que creó la Universidad para poder realizar donaciones a entidades de caridad, como el Hogar de Ancianos “San Ramón”, a cargo de la Hermanitas de los Ancianos Desamparados; el Psiquiátrico “San Juan de Dios”, a cargo de los Hermanos de San Juan de Dios; el comedor Popular San Calixto (de los Jesuitas) y otra obra en El Alto que trabaja con personas con discapacidad física. En total se han entregado como un equivalente a Euros 12.000.- a demás de una tonelada de harina.

 

En una campaña que se promovió con Caritas y la UCB (Universidad Católica Boliviana), se logró que se sumasen dos supermercados, en los cuales los clientes de la compra que realizaban, aumentaban un producto más y dejaban en unas cajas, llegando a entregarse más de 30 toneladas de productos alimenticios. De esa iniciativa se han repartido en varios centros de niños, ancianos, presos, migrantes, etc. Una parte fue entregada a la Parroquia de Santiago Apóstol de Achocalla (localidad urbano-rural y muy dispersa en medio de cerros de más de 3.600 metros de altitud, Parroquia en la que hace 10 años está a mi cargo); allí se pudieron ayudar con 10 productos por entrega a más de 130 familias de escasos recursos y con trabajos muy eventuales, siendo muy afectadas en estos meses de confinamiento. En total en la Parroquia se han entregado más de 1.500 Kg de alimentos.

 

Se hicieron muchas colectas, tanto para las localidades más afectadas en Bolivia, como para familias particulares o enfermos que necesitaban apoyo.  Y así transcurren todavía estos días. Las actividades de culto han vuelto a instalarse, aunque limitando altamente los actos religiosos presenciales y la cantidad de personas que pueden participar de las ceremonias. Fue en estos momentos de crisis donde pudimos encontrarnos como sociedad, como comunidad y es destacable la labor de la Iglesia que acompañó en todo momento a sus fieles.

 

Personalmente desde el 23 de marzo empecé enviando un audio por WhatsApp al grupo de administrativos de la comunidad universitaria, con una breve reflexión sobre las lecturas y santos del día. En breve esta reflexión se amplio a otro grupo de personas  y considero que está llegando diariamente a más de 500 oyentes, con mucha frecuencia  tengo respuestas agradeciendo estas palabras de aliento en esta pandemia tan complicada y que paulatinamente va cambiando el comportamiento de todos. Como Iglesia en general,  existe el sentimiento y los buenos deseos, de que la normalidad que un día - ojala, no muy lejano- alcancemos, sea para hacernos a todos más solidarios, menos individualistas y con mayor respeto entre nosotros, hombres y mujeres de este mundo, pero también un mayor respeto hacia toda la Creación.

 

P. Antonio Delgado Sánchez

Sacerdote nacido en Valdepeñas (10.02-54)

 Actualmente Incardinado en la Arquidiócesis de La Paz

20 oct 2020

MEMORIAS DEL CONFINAMIENTO. MEJICO.AURE

                                                     Aureliana Aguirre Rodriguez . Hija de la Pasión de Jesucristo.


En la Ciudad de México el COVID-19 ha sido fuerte; desde la mitad del mes de marzo hasta la mitad de mayo, guardamos el confinamiento lo más posible. Había cierta libertad de movimiento, pero cerraron las escuelas, centros de estudio, negocios, construcción, templos, etc. y algunas estaciones del Metro estaban cerradas para evitar aglomeraciones. Nosotras tenemos dos escuelas en distintos barrios y se cerraron. Empezamos a trabajar de manera virtual, con todas las dificultades que implica (tanto para los maestros, como los niños y los padres de familia...). El curso terminó aprobando a todos, por indicaciones del Ministerio de Educación.
Veíamos que pequeños negocios que están cerca de nuestra casa se iban cerrando, entre ellas un sitio para lavar vehículos. En un edificio de oficinas, cercano, han colocado una manta: Se renta o se vende TODO EL EDIFICIO.
La crisis económica está siendo tan fuerte como la sanitaria... Un día vimos que en la casa de al lado estaba la policía... Al rato vino la hija de nuestros vecinos a decir que su hermano se había suicidado (tenía 40 años, soltero, mantenía a sus padres ancianos y trabajado en el lavado de carros). La reacción fue de querer ayudarlos, por lo menos que se sintieran comprendidos y acompañados. Tuvimos la Eucaristía en nuestra capilla (con las medidas convenientes) y ahí supimos que otro joven de la misma calle había hecho lo mismo (suicidarse)... La tristeza fue grande, pero también los deseos de renovarnos todos en la fe y la esperanza.
En unión con Caritas y con los jesuitas, hemos creado una REVE (Red de vecinos), que abarca 4 cuadras alrededor, dándonos los números de teléfonos, whatsap y otros medios de comunicación, para ayudarnos en casos de más necesidad, sobre todo con los mayores.
Cuando se cumplió un mes de la muerte, celebramos otra Eucaristía y fue motivo de reunión... Igualmente el día 15 de agosto, estas celebraciones, aunque no son multitudinarias, nos han dado la oportunidad de dialogar, sentirnos comprendidos y alimentar nuestra esperanza.
Ahora estamos organizando un triduo virtual de preparación a la fiesta de Nuestro Fundador y posteriormente una peregrinación, virtual también, a la Virgen de Guadalupe.
En medio de las dificultades sentimos que Dios está con nosotros y hemos pensado en ir compartiendo la Encíclica: Fratelli Tutti.
Unidas en oración y trabajo pastoral