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9 feb. 2018

CREO QUE DIOS ESTÁ MAS PRESENTE ALLÍ QUE AQUÍ..

Entrevista de Laura Figueiredo a Conchi Simón, voluntaria en Guatemala. 

La búsqueda de Dios le ha llevado hasta Guatemala, a la misma capital y a un barrio pobre y humilde. Allí, entre gente sencilla, asegura que Dios está más presente en los corazones y en las vidas de las personas y familias que aquí. Hacia allá nuestra entrevistada sigue mirando porque es mucho lo que ha recibido y mucho lo que se puede hacer.
   Es Conchi Simón Manjavacas, una mujer criptanense que animada por su búsqueda de Dios y con un corazón que necesitaba encontrar paz y tranquilidad se encaminó hacia Guatemala. Allí, ha estado siete meses, desde el 17 de junio hasta el 14 de enero. Ha convivido en la parroquia que lleva el Padre Pedro Jaramillo, otro ciudadrealeño que hace ya más de 12 años encontró su misión en este país centroamericano. Ella ha pasado las mañanas en la misión de las Hermanas de la Caridad, las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, rodeada de mujeres heridas por el mal trato y por el desprecio de sus propias familias.
   Conchi Simón nos cuenta cómo de unos mundos tan diferentes nace también una vivencia de fe  distinta. Nos asegura que ha encontrado una fe más viva y más auténtica. Personas creyentes desde una fe humilde y sencilla y que saben tener a Dios presente en su día a día. Allí, nos asegura Conchi, se vive el presente porque el mañana “Dios dirá”. Y se vive con alegría porque siempre hay algo que celebrar y que agradecer.
   A Conchi la hemos visto participando de manera activa en la comunidad parroquial de Criptana, en la catequesis de niños, en el grupo de liturgia o en el de misiones. También estuvo de voluntaria en la residencia de ancianos. Con esta experiencia y muchas más vivencias partió y volvió. Ahora ha querido compartir con nosotros lo que ha visto y sobre todo ha vivido. Y lo hace con unos ojos que siguen puestos en la parroquia de Guatemala.

-¿Qué tal estás?
Estoy estupendamente. Muy bien y muy contenta de la experiencia que he tenido en todos los aspectos.
-Voy a empezar la entrevista casi por el final. Después de este tiempo en Guatemala ¿cómo ves nuestro mundo?
Lo veo igual que cuando lo dejé. Personalmente me da mucha pena la idea que tenemos de la vida. Se supone que aquí en Criptana somos muy religiosos y muy colaboradores en todo pero veo mucha apariencia. Complicamos las cosas cuando todo es mucho más sencillo. Allí es diferente, se trabaja por compromiso auténtico, por necesidad y con toda naturalidad y sobre todo con mucha alegría.
-Es que las necesidades son muy distintas.
Son mundos diferentes y con ello la manera de vivir nuestra fe y de vivir a Cristo. En Guatemala veo una fe más viva, más real, más de verdad. Allí se va con el corazón abierto, cada uno es como es y va a lo que va.  Colaboran todos y cuando se comprometen a algo es de lleno y saben que es para Dios. La misa es distinta. Aquí da gusto ver cómo se llena una iglesia y allí se llena prácticamente siempre y todos colaboran a la hora de rezar, cantar… y te encuentras un sacerdote cercano. Hay una alegría y una colaboración plena que te contagia. Contagian la alegría de la fe que sienten.
“Son mundos diferentes y una fe también diferente. En Guatemala he visto una fe más viva, más real y más de verdad”
-Tal vez es que vivimos en un país acomodado con una fe también acomodada.
Claro que hemos acomodado también nuestra fe y mucho. En la parroquia donde he estado todo es una entrega plena y sientes a Dios plenamente. Mira, todos los jueves exponen al Santísimo después de la Eucaristía, y todo se comparte, se comparte la oración de cada uno en voz alta, sus fallos y arrepentimiento y el perdón.  La devoción es muy grande y todo acompañado con unas canciones que te acercan a Dios y al final es una vivencia que te enamora. Notas que Él escucha en medio de un silencio tan hermoso…
-Pero esto es posible entre gente sencilla y de corazones sencillos
Entre personas que no tienen corazones retorcidos y llegan a las celebraciones con una sencillez tan sana… es especial. Nadie niega un saludo o una mirada. Por supuesto que luego tienen sus defectos, son personas.
-¿Cómo surge el irte de misión?
Pues llevaba tiempo buscando y buscando y llegué a Guatemala. Yo como tanta gente tengo mi casa, mi hijo, mi nieta, tengo padre… pero me sentía sola y veía que si Dios me da una vida larga, como la de mi padre, aún tengo muchos años por delante y tengo salud en general.  Buscaba poner tranquilidad y paz en mi vida y me fui a un retiro una semana entera hace ya más de dos años. Decidí entrar en un convento de clausura y estuve tres meses. Pero quería conocer otros caminos para poder elegir finalmente el mío. Conocía a Mari Tere Martín Pueblas por el Grupo de Misión en la parroquia de Criptana y fue ella quien que me animó a hacer el curso de voluntariado para misioneros. Y ahí surgió todo.
"Buscaba poner tranquilidad y paz en mi vida y buscando, buscando llegué a Guatemala”
-Haces el curso y dices -me voy-.
Me gustó mucho el curso. Es más, me entusiasmó tanto que dije -¿dónde hay que ir?-. Me propusieron colaborar en la parroquia del Padre Pedro Jaramillo en Guatemala. Es un sacerdote de Torre de Juan Abad, le conoce mucha gente aquí porque fue vicario general de la Diócesis de Ciudad Real durante muchos años aunque lleva en Guatemala ya tiempo. El caso es que yo tampoco le conocía pero ya me dijeron que iba a estar muy contenta en su parroquia. Así que allá me fui, a la ciudad de Guatemala, en un barrio muy pobre y que cuenta con una Casa grande. Allí está la parroquia de San Juan de la Cruz y una Casa donde hay muchas habitaciones. Es un internado que acoge a muchachos de las aldeas mayores de 16 años que reciben clases. El profesor es precisamente otro voluntario español que llegó hace ya un tiempo como yo y que decidió quedarse. En la Casa también hay hogar para los niños más desfavorecidos de tal manera que después del colegio van allí. Se les da de comer y clases por parte de tres profesoras y marchan por la tarde a sus casas después de una merienda-cena que les prepara el cocinero de la residencia. De lo contrario, esos niños se acostarían sin cenar.
El Padre Pedro Jaramillo firmando uno de sus libros a un grupo de personas de su parroquia en Guatemala
-¿Qué has hecho tú?
Pues el Padre me propuso que colaborara con las hermanitas de Calcula, de la Madre Teresa. Tienen su centro en otra zona cercana y en el mismo Guatemala. Allí estuve con un grupo de más de 30 mujeres de diferentes edades y que han tenido una vida muy dura. Casi todas tienen señales de malos tratos, echadas de las casas por sus propios hijos... Son personas, muchas de ellas, con alguna discapacidad o problema y no las quieren en sus casas. Allí viven y encuentran no solo la asistencia básica para vivir sino también el cariño y el respeto que nunca antes habían conocido. Allí iba todas las mañanas.
-Y por las tardes seguro que el Padre Pedro Jaramillo te tenía preparada alguna otra misión.
Por las tardes colaboraba con las clases en la casa.
-¿Allí la gente mira hacia el futuro o vive el presente?
Ellos no miran el futuro, ni esa seguridad que aquí todos buscamos. Ellos comen hoy si hay comida y mañana Dios dirá. Hoy tengo medicación para una semana y después ¡pues quién sabe! Ese después no existe. Viven el día lo mejor que pueden, a tope. Si hoy estamos bien, hoy vivimos y mañana ya será lo que tenga que ser. Sin embargo, es verdad que en su cultura tienen muy presente la muerte porque conviven con ella. En fin, allí se vive el día a día y se vive con intensidad y siempre hay algún motivo de celebración, algo que agradecer y disfrutar.
“Me he encontrado con personas que viven el día a día y lo viven con intensidad y siempre tienen algún motivo de celebración, algo que agradecer y disfrutar”
-¿Incluidos los jóvenes?
Ni siquiera los jóvenes piensan en el futuro. Ellos solo piensan en el dinero fácil y eso lo ofrecen los narcos que los echan a perder. Las maras son su alternativa y con ellas la  muerte de muchos.
-Y con todas estas tragedias y pobrezas ¿Se puede hablar de Dios?
Yo creo que Dios está más allí que aquí. Lo veo así porque ahora mismo teniendo los medios que tenemos no somos capaces de seguir la educación religiosa que hemos recibido. Aquí están los libros y tantas otras cosas para formarnos pero no sé a dónde va. Sabemos lo que es la palabra de Dios pero no la tenemos presente durante todo el día. No sé… es como que estamos con Dios cuando estamos en la parroquia pero luego fuera, en el trabajo, en las casas… no lo pronunciamos, no lo enseñamos a los demás. Allí es fácil oír –que Dios te bendiga- o –primero Dios-. Siempre tienen esas palabras en la boca.  Aquí no se nombra, Dios en nuestra sociedad en general ya no está. En fin es como que cada uno lo vivimos como creyentes pero no lo sacamos de nosotros o de nuestra parroquia.
-¿Y en Guatemala ven a Dios en todas partes?
Mira, es que está en el ambiente y en la misma naturaleza. Es ver el cielo con esos colores y formas preciosas, siempre distintas y te sientes acogido por el Padre y así lo sienten ellos. Allí en el mismo amanecer o atardecer ven a Dios.
“Allí en el mismo amanecer o atardecer ven a Dios”
-Aquí también tenemos unos atardeceres y amaneres preciosos.
Sí pero nos cuesta ver a Dios ahí.
-¿Qué has aprendido?
A darme más, a no pensar tanto en mí, a ir con Dios y yendo con Él no importa lo que los demás digan o hagan. He aprendido a tener más confianza en Dios de tal manera que nunca te ves sola.  
-Una de nuestras misioneras y religiosas, Glafira Jiménez, me decía en una entrevista que “los pobres nos evangelizan”
Sí, tal vez es que ellos entienden el Evangelio mejor que nadie. Ellos te dicen ante una pérdida o un problema importante -si Diosito lo ha querido así-. Eso te da un ejemplo.
-¿Vas a volver?
Pues allí me preguntaban lo mismo porque quieren que vuelva. Yo digo que eso es voluntad de Dios, Él me llevó y Él me dirá. Y ya va dando señales en el camino.
-¿Y es el de vuelta?
Sí.
-¿Cómo se puede ayudar desde aquí?

Con la oración, con la ayuda económica y viviendo con menos. No olvidemos que ellos también nos enseñan y mucho: dando importancia a las personas que merecen la pena y sin necesidad de acumular tantas cosas materiales. ¡Para qué guardar y guardar tantas cosas! Al final lo que importa no son los bienes que tienes y sí los valores y las personas que valen. Es vivir el día a día con nuestra fe y  moral que es muy importante.