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9 nov. 2018

DESDE LA RETAGUARDIA EN AMÉRICA LATINA


 P. Miguel Pozuelo, misionero pasionista en México.


Eso de “la retaguardia” en realidad es un modo nostálgico de decir que me han trasladado de la montaña a un lugar céntrico de la ciudad de México. Nostalgia de no estar directamente en el trabajo que me enamoraba, junto al pueblo campesino o sectores periféricos de las ciudades.
También es una seria imprecisión hacer distinciones entre lugares y tareas, porque somos Pueblo de Dios; entre nosotros no hay vanguardias ni retaguardias, todos somos la Iglesia y todos somos el pueblo de Dios, desde cualquier lugar y en cualquier tarea que estemos... ¡bueno! es lo de “que somos un solo cuerpo” que dice Pablo, o lo de “la vid”. que es la comparación de Jesús.
Pero me falta presentarme: me llamo Miguel Pozuelo Utrilla, soy un manchego daimieleño, de la Congregación Pasionista, estuve 45 años en las montañas y barrios marginales de Centroamérica, y desde hace casi un año en la ciudad de México.
Me pidió una colaboración Damián para el DOMUND de este año; él junto con Toñi han sido para mí como dos hermanos cuando he visitado la delegación en el Obispado, su alegría, amistad y colaboración me han hecho sentirme allí como en mi casa... en ellos se ve claro que la tarea misionera y eclesial es una unidad y un solo empeño, al que cada uno contribuimos desde donde estamos y actuamos.
Los 45 años vividos en distintos lugares de Centroamérica han ido esculpiendo mi persona y mi vocación..., son parte de mi vida tantas familias empobrecidas pero de fervientes cristianos, y en muchas ocasiones valientes y decididos defensores de la justicia y la equidad, incluso hasta el martirio; en muchos aspectos soy lo que he vivido y compartido con ellas y con ellos. Los pobres nos evangelizan. De igual manera me ha enriquecido compartir con algunas y algunos de ustedes que son la conciencia y la acción misionera en nuestra diócesis manchega.
Por todo ello, esté donde esté, en la tarea que me hayan asignado, tengo un corazón y una experiencia misionera que debo compartir y seguir viviendo.
En México mi tarea principal es acompañar la formación de jóvenes latinoamericanos que comienzan a conocer mi Congregación y quieren compartir nuestros compromisos cristianos y eclesiales. En este lugar van a estar tres años de su proceso de formación, y la mayoría de ellos serán misioneros Pasionistas en América Latina. Se supone que en la interrelación con ellos aporto lo que soy, y en buena parte soy “un misionero con años de experiencia”, al tiempo que sigo enriqueciéndome compartiendo la fe y “el alma latinoamericana” de estos jóvenes.
La parroquia donde vivimos está en el interior de la ciudad, y en ella me han encargado que acompañe y coordine el trabajo de catequesis con niños y niñas.  
Estamos en esta tarea unos 115 niños y adolescentes (de 4 a 16 años) y 23 catequistas. Están divididos en 10 niveles, cada uno con un temario diferente, en la idea de hacer un proceso de formación en la fe. A partir de los 15 años pasan al grupo de jóvenes. Insistimos que la catequesis no es para preparar a los sacramentos sino para dar una formación integral cristiana, y en algún momento de este proceso se les invitará a recibir los sacramentos.
En esta tarea actual está presente mi anterior experiencia, pues en la parroquia campesina de Honduras, donde estaba, había mucha creatividad y coordinación catequética, allí aprendí métodos y contenidos que puedo aportar ahora acompañando la catequesis aquí, en la ciudad.
Este cambio de lugar y tarea que les comparto es mi manera de estar en sintonía con el lema de este año  “¡cambia el mundo!” y aunque somos y estamos en el mundo y cambiamos con él, nuestra misión nos exige una continua revisión y adecuación creativa de nuestra evangelización, sin perder nuestra inserción en ese mundo que es el  nuestro, insertos preferencialmente entre los empobrecidos.