28/06/2022

LA VIDA DINAMITADA.

Monseñor Julio Parrilla.  (artículo extraído de "El Comercio)

 


El pasado 20 de febrero, la prensa narraba el asesinato de un joven en Bastión Popular (Guayaquil). Uno más entre tantos. Lo peor es que esta cuenta sin fin se nos ha hecho soportable y, lo mismo que con el covid, estamos aprendiendo a vivir con los capos de la droga, el sicariato y los muertos. En el caso que nos ocupa hubo algo novedoso: lo botaron maniatado del carro y, al minuto, estalló la bomba que le arrancó la cabeza. Para defender el propio territorio y escarmentar al enemigo hay que ir sofisticando el método.

Más allá de los pormenores (cosas terribles vemos cada día dentro y fuera de las cárceles) lo que queda en evidencia es la violencia atroz que padecemos, nuestra incapacidad para erradicarla, la impunidad que nos embarga (y que embarga al Estado de Derecho). ¿Cuándo reaccionarán nuestros gobernantes? Sólo cuando reaccione la sociedad civil. En algún momento tendremos que dejar de lado las estadísticas e ir a los problemas de fondo: el trabajo, la familia, la educación, las oportunidades y tantas otras cosas que hacen la vida digna y posible.

Pero hay más. La bomba pegada a la cabeza como una lapa es la imagen de la vida dinamitada, de la vida que nada vale, supeditada al dinero y al poder de la manada. La vida perdida, aniquilada, maltratada. La vida, que es el único espacio sagrado, el que tendríamos que cuidar con mimo, la auténtica carita de Dios. Lo demás son máscaras que nos ponemos o nos quitamos según nos convenga.


Un país vale en la medida en que defiende la vida. Y el nuestro se va convirtiendo en un país duro de pelar. En el reino de la razón sería un lugar a evitar y, sin embargo, nos toca luchar por él y por cada uno de sus habitantes. Alguno dirá: “Que se maten entre ellos”. No es así. La violencia engendra violencia y no tiene límites. No se olviden de las víctimas colaterales y secuenciales. La violencia alcanza a todos y que el muerto sea un malandrín poco me consuela. Yo quiero un país en el que nadie dinamite la vida.

Imagen: Vicente Gaibor del Pino (Reuters)

31/05/2022

CON ELLOS VAMOS TODOS.


Damián Diaz. Delegado de Misiones.

El misionero no es un francotirador, no actúa solo ni por su cuenta. El misionero, como su mismo nombre dice, es un “enviado”. Como Jesús fue enviado por el Padre, y así lo proclama repetidas veces él mismo, sobre todo en el evangelio de San Juan, ahora el misionero es enviado por la Iglesia, cuerpo de Cristo: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo” (Jn 20,21).

En consecuencia, tendremos que decir que todos somos misioneros: todos los cristianos, discípulos de Jesús, recibimos el encargo de continuar su Misión, la que a Él le encomendó el Padre: Anunciar el Evangelio a los pobres, liberar a los oprimidos, construir el Reino de Dios. Misión que muchos de nosotros ya realizamos siendo corresponsables de las tareas pastorales y evangelizadoras de la Iglesia en nuestro entorno.

Nos falta una última precisión. No hace mucho escuchábamos también: “Seréis mis testigos hasta los confines del mundo” (Hechos 1,8). Por eso la Iglesia envía a algunos de sus miembros como “misioneros ad gentes”. Y con ellos vamos todos. Eso supone ser misionero: Sentirse enviado por su Iglesia, y sentir que no va solo, sino que su Iglesia, sus hermanos, están con él.

El Día del Misionero Diocesano es una forma de hacer realidad esta corresponsabilidad misionera ad gentes, y de que nuestros 70 misioneros repartidos por todo el mundo, se sientan enviados y acompañados, apoyados por nuestra oración y respaldados por nuestra colaboración con ellos.

Lo sienten los misioneros a quienes hemos ayudado a construir una capilla, a comparar Biblias, a reparar los edificios donde realizan sus actividades pastorales. Lo sienten los misioneros a quienes hemos ayudado a reconstruir una cancha polideportiva para su colegio, a construir aulas para un colegio nuevo, a quienes hemos apoyado en su labor sanitaria en hospitales o dispensarios: Camerún, Benin, Malí, Bolivia, Ecuador, Rep. Dominicana, y muchos más… son los países donde ellos están compartiendo su vida con los hermanos, y donde también nosotros estamos con ellos realizando y respaldando su labor.

De todos nosotros, depende que continúe adelante esa Misión que el Señor a todos nos encomendó.

25/04/2022

DEJA TU HUELLA, SÉ TESTIGO.

Óscar M. Casas Arévalo, Delegado de Pastoral Vocacional y Damián Diaz Ortiz, Delegado de Obras Misionales Pontificias y Misiones.               

 Jornada de oración por las vocaciones y vocaciones nativas 2022

Desde sus orígenes, el hombre ha querido dejar huella de su paso por la vida y la historia. Ya en las cavernas dejaban marcadas sus manos en las paredes, los grandes reyes de la antigüedad se construían palacios y tumbas que dejaran constancia de su poder, y también en el renacimiento, los artistas empezaron a firmar sus obras para que quedara constancia de tu talento. La huella que deja el hombre en la historia es la llamada que quiere hacer constatar que si dejo rastro es que he existido.

Este deseo tan humano puede reducirse a puro narcisismo si lo vivimos como una mera expresión del “yo”, pero si nuestra huella se convierte en la expresión de todo lo bueno y lo bello que Otro ha hecho en nosotros entonces la cosa cambia y la huella se convierte en un verdadero testimonio.

Este año, la jornada de oración por las vocaciones y la jornada de vocaciones nativas nos proponen hacernos caer en la cuenta de que ese deseo que todos tenemos de dejar nuestra huella en el mundo es la respuesta la llamada que Dios nos hace personalmente para ser sus testigos. Mediante la vocación que se recibe de Dios, cada cristiano deja su huella como testigo de Cristo resucitado. No es cuestión de lograr grandes hazañas o ser alguien importante para la historia, la cuestión está en saber que Dios te ha soñado como colaborador suyo para la construcción de su Reino.

Por ello, es muy importante que la Iglesia sienta la necesidad de orar para que cada cristiano acepte el plan que Dios tiene para cada uno, y en especial rezar y colaborar por la promoción de las diversas vocaciones en los países de misión. Aunque el tiempo sea el olvido y la historia de olvide de nosotros, sabemos que nuestra verdadera huella está en que nuestros nombres están inscritos en el Libro de la Vida, en el Corazón del Dios que nos creó y nos ama profundamente.

Como en años anteriores, la CEE ha publicado una serie de materiales para trabajar esta jornada. Con esta carta recibiréis esos materiales. Pero también hay disponibles materiales digitales que podéis encontrar en la web paraquiensoy.com y https://omp.es/jornada-de-vocaciones-nativas/

También os animamos a que entorno a la jornada ofertéis en vuestras parroquias momentos de oración o maratones de oración ante el Santísimo para seguir pidiendo al Dueño de la mies que mande obreros a su mies.

                   

 

 

                                                                                                    

28/03/2022

REGRESO DE MARI CARMEN. VIDA COMPARTIDA Y ENTREGADA.

11/03/2022

SEMINARIO DE FORMACIÓN. A HOMBROS DE GIGANTES.

 

El año 2022 es un año importante para las Misiones. Son diversos los eventos que vamos a conmemorar a lo largo de este año, y queremos que ello nos anime y anime a nuestras comunidades parroquiales a vivir su compromiso misionero Ad Gentes

Queremos aprovechar, pues, también nosotros esta ocasión para conocer un poco más las Obras Misionales Pontificias, sus fundadores, su funcionamiento, su futuro, el compromiso de todos con la Misión de la Iglesia.

 Vamos a informarnos y estudiar el origen de algunas de las instituciones más comprometidas con la Misión ad Gentes: Institución de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, inicio de algunas de las actuales Obras Misionales Pontificias, y sus creadores...

 Y vamos a aprovechar nuestra reunión para reflexionar y hacer también nuestra aportación al proceso sinodal abierto por el Papa Francisco: Por una Iglesia Sinodal: Caminar juntos.

Estará con nosotros, para hacernos reflexionar y orar:

 Rafael Santos, seglar, trabajador de la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificias, director de la revista ILLUMINARE, que este año cumple precisamente 100 años también.

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