Gracias, de corazón.
El próximo día 14 de junio, celebramos
el aniversario del martirio en Perú de nuestro paisano Vicente Hondarza. ¡43
años ya! Para honrar su memoria, y para recordarnos que debemos seguir su
estela, y la de tantos sacerdotes, religiosos/as y seglares, de nuestra
Diócesis, y de todo el mundo que entregan su vida a la Misión, a veces, como
Vicente, hasta derramar su sangre, celebramos en nuestra Diócesis el Día del Misionero Diocesano.
Es un día para sentirnos implicados. Todos. El compromiso con la Misión
Universal “es el índice exacto de nuestra
fe en Cristo y en su amor por nosotros”, decía San Juan Pablo II. No es
asunto de unos pocos. Todos los bautizados tenemos la obligación de continuar
la Misión que el Señor Jesús nos encomendó, que era la que Él mismo había
recibido del Padre.
Algunos se sienten más
interpelados por el mandato misionero: “Id
por todo el mundo”, y dejan familia, casa y cultura, para compartir la vida
con los hermanos lejanos. Algo de nosotros va con ellos, y con ellos nosotros
también compartimos la Misión y nos sentimos enviados hasta los últimos
rincones de la tierra.
Ellos esperan de nosotros la
oración, el interés por su Misión, el respaldo moral, y el apoyo a sus tareas
tanto pastorales y evangelizadoras como humanitarias.
Con los fondos que nos llegan de
este Día del Misionero Diocesano, así como algunas aportaciones personales o de
grupos, cada año podemos ayudar desde la Delegación de Misiones a varios de
nuestros misioneros a continuar respondiendo a la llamada del Señor. ¡Ellos lo
necesitan, y nos lo agradecen!
Que, con la fuerza del Espíritu,
abramos nuestros corazones a la universalidad, y así seamos cada vez más
partícipes de la Misión que Jesús nos encomendó y que ahora es el empeño de
nuestros misioneros diocesanos.
Un saludo cordial en Cristo Jesús.
Damián Díaz.
Delegado diocesano de misiones.













