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2 mar. 2012

EL AMOR A ÁFRICA EN LA VOZ DE CINCO MISIONEROS

Las IX Jornadas de Formación para Empleados y Voluntarios de OMP.

Acogieron el pasado viernes, 24 de febrero, una mesa redonda con testimonios misioneros en África –moderada por el presidente de la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros (CALM), Francisco Puyó, que puso en evidencia el amor que como misioneros han tenido por África, y el mucho amor – muchísimo según ellos – que han recibido del pueblo africano.

El sacerdote del Institutode Misiones Extranjeras (IEME), Nemesio Frías, que volverá en unos meses a Zimbabue, explicó cómo –durante sus diez años como misionero en ese país-, tuvo que meterse no ya en los zapatos de los africanos, sino “en sus pies descalzos”, toda una metáfora no sólo sobre la pobreza de estos seres humanos, sino sobre su necesidad de comprensión.

Del mismo modo, el javeriano Carlos Collantes, contó su experiencia en la periferia urbana de Yaundé (Camerún), donde se encontró con un “África desestructurada” y no con “el África bucólica de las ideas”. Según Collantes, lo primero fue “abrir los ojos y el corazón, aprender un lenguaje que es mucho más que una lengua, porque es una forma de vivir la vida” y subrayó que se trataba de “entrar en las categorías” del pueblo, más que de aprender sus palabras.

Por su parte, la misionera Teresa Moreno, de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, explicó la dificultad de su trabajo en Marruecos, “donde la Iglesia vive sin protagonismo, al servicio de los más pobres y de la vida”. La religiosa afirmó que de momento, “el diálogo religioso sólo es posible a nivel de amistad, de trabajo conjunto, de “rozarse” con la gente”. En este contexto, habló del “proceso oscuro y largo de la encarnación de la vida misionera” y expresó con alegría como “los cristianos llevamos a Cristo en la cara”.

El misionero laico Jorge Centeno Rodríguez, que estaba también en representación de su esposa, contó su experiencia en Etiopía y Mozambique y cómo, incluso antes de la boda, pensaban ya en un “proyecto de vida común que incluyera el compromiso con los más necesitados”. Este joven misionero y su mujer han hecho suya la máxima de las combonianas: “Salvar África con África”.

Finalmente, el presidente de la CALM, contó brevemente cómo la misión en el Congo durante 13 años, le “convirtió” en cristiano, mientras se hacía uno más con ellos, trabajando en el campo como uno más. Nunca pensó ir a África pero, como él dice, se “vio obligado”. Una obligación de corazón en la que coincidían los cinco.