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16 abr. 2013

16 DE ABRIL, DÍA MUNDIAL CONTRA LA ESCLAVITUD INFANTIL.


Artículo  de Antena Misionera.
El 16 de abril es el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil. La fecha de la celebración de este Día no es casual, sino que se rinde homenaje a Iqbal Masih, un niño esclavo paquistaní que fue obligado a realizar jornadas de más de 12 horas diarias de trabajo, muchas veces encadenado a un telar, y que era golpeado o castigado si se dormía o despistaba. En el año 1992 logró escapar de su esclavitud y se dedicó a denunciar la situación en la que vivían muchos de los niños de su país, hasta que fue asesinado en 1995 por las mafias de los fabricantes de alfombras, mientras conducía su bicicleta en las calles. En su honor y homenaje, determinadas ONG han establecido este día como el día Mundial contra la Explotación Infantil.
Iqbal Masih, testimonio de lucha
Nacido en 1982, en una casta inferior, en el Punjab pakistaní, Iqbal Masih tenía sólo cinco años cuando su madre,
una mujer divorciada, lo entregó a la esclavitud como único recurso para dotar a su primogénito de una renta que le permitiera aspirar a concertar un matrimonio. Como ya había sucedido con este mismo hermano mayor, y como sucedería más tarde con su hermano pequeño y con tantísimos niños en este país de estructura feudal, Iqbal Masih fue víctima de un sistema ignominioso forjado por la alianza de las tradiciones con la avaricia: elpaishgee, por el que los más pobres entregaban a su hijos a un patrón a cambio de recibir un préstamo, que se resarcía descontando la mitad de su salario miserable y que vinculaba al esclavo hasta la completa devolución de la deuda,
 sometida por supuesto a una gran usura y que admitía incrementos a voluntad, de tal forma que no sólo eternizaba la dependencia del obrero, sino que lo hundía en una espiral de miseria que lo obligaba a perpetuarlo a su vez en su futura descendencia.
Así fue como por 600 rupias (el equivalente a 12 dólares), Iqbal Masih acabó trabajando quince horas diarias delante de un telar, fabricando alfombras de estilo persa que se vendían en los mercados occidentales multiplicando esa cifra por 1.000. Cinco años después, en 1992, la deuda de la familia con el prestamista se había incrementado hasta las 12.000 rupias, e Iqbal se había convertido, gracias a la naturaleza de su trabajo, en un niño con raquitismo crónico y problemas circulatorios, además de sufrir enfermedades pulmonares por la inhalación de fibras de las alfombras que hilaba.
Pero ese año se cruzó en su camino el Bhatta Mazdoor Mahaz, el Frente de lostrabajadores del ladrillo, un pseudo sindicato o grupo de presión fundado en 1967 por un joven abogado, que agrupaba a profesores, periodistas e intelectuales de izquierdas luchando por acabar con la esclavitud en Pakistán, en un primer momento centrados en las fábricas de ladrillos, aunque posteriormente, y gracias a su éxito, extenderían su acción a todos los sectores de la economía. De hecho, el Frente había logrado que el 18 de septiembre de 1988 el Tribunal Supremo aboliera el paishgee, y desde entonces se estaba dedicando a organizar mítines por todo el país, llegando a sus regiones más recónditas, para divulgar este hecho de un modo informal y festivo entre los esclavos analfabetos.
Transformado ya en el Frente de liberación del trabajo forzado, el grupo se abría ahora al mismo tiempo a una nueva estrategia basada en la movilización de la opinión pública y la sensibilización internacional para atacar el problema globalmente: ya no se trataba de obtener, como en las fábricas de ladrillos, la libertad para personas y familias, sino de lograr una legislación y una política favorable a la erradicación de la esclavitud en todo el país. Y el sector hilandero, que distribuía a todo el mundo, se puso en su punto de mira. Finalmente uno de esos mítines llegó al pueblo de Iqbal, y de forma totalmente casual, alguien le pasó un micrófono demostrándose, con sus diez años, un orador solvente, y sobre todo conmovedor, y con una gran historia que contar.
Impresionado, el líder del Frente decide saldar la deuda de la familia de Iqbal y trasladarlo a Lahore, donde vivirá y recibirá una educación, junto a otros niños arrancados de la esclavitud, a cargo de los voluntarios del grupo.
Paralelamente el niño se vuelve el rostro visible de la causa. Apoyados por una ONG escandinava consiguen que la televisión pública sueca ruede un documental sobre la tragedia de los niños explotados pakistaníes, protagonizado por Iqbal, que posteriormente viajará a Estocolmo, Ginebra y Estados Unidos a liderar un llamamiento al boicot contra las alfombras elaboradas en su país mientras perdurase el sistema económico tradicional. Simultáneamente, el frente trabaja presionando a la Organización Internacional del Trabajo para que actúe contra esta lacra.
Iqbal se había ganado el respeto y la admiración del mundo entero por su combate precoz y valiente contra la explotación infantil. Pero detrás de los condenados, los oprimidos y las víctimas siempre hay personas sin moral, mafias, carroñeros…, como las que ordenaron el asesinato de Iqbal Masih, llevado a término el 16 de abril de 1995.
Algunos países donde existe la esclavitud infantil
India y Afganistán: donde los niños y las niñas trabajan por ejemplo en la industria del ladrillo cargando con pesadas cantidades de ellos.
    Brasil: donde los niños esclavos hacen el carbón usado en la fabricación del acero para automóviles.
Birmania: donde se dedican a la cosecha de la caña de azúcar y otros productos agrícolas.
China: donde los niños esclavos preparan explosivos y fuegos artificiales utilizados en la pirotecnia.
   Sierra Leona: los niños esclavos son utilizados para extraer diamantes de las minas
República Demócrata del Congo: donde miles de niños son esclavizados y explotados en la extracción de casiterita y coltán, indispensables para los PC, los mp3, teléfonos móviles etc. que usamos todas las personas del llamado “primer mundo”.
Costa de Marfil: unos 12.000 niños recogen las semillas del cacao que se exportan para elaborar chocolate.
Y la lista se podría alargar… demasiado…