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14 oct. 2013

EN EL DOMUND, AYUDA A LOS MISIONEROS.

P. Antonio Fernández. Misionero del IEME de la diócesis de Ciudad Real 
Hola amigos de la misión:
Soy Antonio Fernández, misionero de la diócesis de C. Real, a través del IEME. Estoy en Pedernales, en la frontera suroeste de R. Dominicana con Haití. Es una zona hermosa, con parques naturales, pero con un alto índice de pobreza. El 70% de las personas no están bautizadas, aunque creen en Dios. Muchos viven dispersos por las montañas de la Sierra del Bahoruco.
En la parroquia tenemos un grupo de misioneras laicas que visitan los barrios, evangelizan a las familias y les invitan a formar una comunidad cristiana. Ya hay varias, que aunque pequeñas, son presencia de la Iglesia en sus sectores.
Hace un mes estoy visitando una comunidad nueva, a dos horas montaña arriba, de Pedernales. Es en el paraje de los Arroyos, de 1200 msnm a 2300 msnm. Allí la tierra es productiva, el clima frío en las noches y la gente no tiene una capilla donde reunirse. Por iniciativa de algunos de ellos han invitado a 4 catequistas de un paraje vecino de Haití para que les ayuden a formar su iglesia. Ellos vienen caminando 4 km por los montes, reúnen a la gente, casi todos inmigrantes haitianos que cultivan la tierra y me han llamado, como sacerdote de la zona para que los visite y los acompañe.

Se reúnen entre 100 y 200 personas para celebrar la fe. La mayoría no está bautizada aún, pero empezaremos catequesis de adultos e infantil, para poder prepararlos. Estamos buscando un terrenito para una capilla, pues nos reunimos bajo una lona que nos guarece un poco de las lluvias frecuentes en esa zona.

Todavía en el 2013 van surgiendo comunidades nuevas, esta es la segunda en este año, en el extenso territorio de la parroquia de Pedernales. La alegría de los inmigrantes haitianos de tener una iglesia donde reunirse, orar, recibir la catequesis y los sacramentos es grande. Ellos participan mucho con sus hermosos y largos cantos en cada celebración. Desde aquí sentimos  la misión viva de la Iglesia. Cuando consigamos materiales construiremos una pequeña capilla y la bautizaremos, aún no tiene nombre la comunidad cristiana incipiente. Cuando viene algún visitante y conoce estas nuevas comunidades se emocionan con su pobreza, devoción, participación y alegría con que expresan su fe. Gracias a los que desde lejos sentís la misión de la Iglesia, la apoyáis con oraciones y algo más. El Señor nos conceda seguir siendo sus alegres testigos allí donde estemos.