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10 abr. 2014

LOS JÓVENES Y LA IGLESIA.

Artículo de José Luis Pereyra para Antena Misionera
                                                          (Fotografía de Lucia Trujillo Ruiz.Ganadora Certamen Yo Creo)
Los jóvenes están cansados de doctrinas y de grandes discursos teológicos. La juventud quiere testigos de la fe, quiere una palabra que le llegue al corazón, quiere pastores que aporten el brillo de la ternura y el vigor de una vida sencilla, austera, pobre, solidaria y comprometida con los problemas del mundo. En este sentido, el papa Francisco abrió la esperanza de que los jóvenes recuperen la credibilidad en la Iglesia. Así a quedado demostrado en la última Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. Su encuentro con los jóvenes en Brasil ha puesto de manifiesto un talante profundamente evangélico. Francisco, con una gran libertad de espíritu, nos muestra que se puede ser hombre de Dios viviendo la coherencia, la sencillez y en la cercanía a la gente libre de protocolos. 
                                                      
El papa está mostrando y desea un renovado rostro de la Iglesia que debe inspirar a todos los pastores, laicos y jóvenes cristianos a transmitir un renovado modo de manifestar a Jesucristo. Pero el punto de partida es el de estar presente y abiertos frente a los jóvenes a quienes queremos llegar. Si nos ubicamos en la juventud española nos encontramos con jóvenes heridos por "el relativismo intelectual, el fracaso escolar" y las "heridas afectivas" que viven en una sociedad secularizada. "España es país de misión"; y muy especialmente entre la juventud, allí precisamente se juega parte importante de la credibilidad de la Iglesia.


En los últimos tiempos la pérdida de práctica religiosa entre los jóvenes españoles ha sido drástica. Según datos del Instituto juvenil (injuve) de 2011, si en 2002 casi un 30% de jóvenes de 15 a 29 años se declaraban "católicos practicantes", en 2010 ya sólo lo declaraban un 10%. Además, un 45% se declaraban católicos no practicantes apenas un año antes de la JMJ de Madrid. En algunas regiones la descristianización era peor: según la Universidad Abat Oliba, en 2006 sólo eran practicantes un 3% de los jóvenes catalanes de 18 a 24 años. 

Sin embargo se mantiene un núcleo fuerte de jóvenes, aproximadamente un 10 o 12% de los que hay en el país, casi un millón de españoles entre 15 y 29 años que son practicantes y están convencidos. La mayoría están ligados a nuevos movimientos y realidades eclesiales, o bien a algunas realidades juveniles de órdenes religiosas, sobre todo de las educativas. De esas filas y de algunos colegios religiosos salen, por ejemplo, diez mil que cada año pasan uno o dos meses en misiones, en el extranjero. De ellos se nutren las parroquias para conseguir catequistas y, en menor medida, voluntarios de Cáritas.

Ante este panorama la iglesia debe de hacer su serena autocrítica ante el abandono cada vez más notorio de los jóvenes porque no es correcto atribuir solo esta crisis de fe únicamente a la cultura materialista actual. También deberíamos afirmar sin lugar a duda que se debe a la propia secularización interna. Nadie da lo que no tiene, o lo que no vive en profundidad. Por eso, uno de los peligros que se debe evitar los que pastorean al pueblo de Dios es ser camarero y no comensal, es decir no sentarse al banquete y dedicarse sólo a servírselo a los demás. El evangelio siempre se anuncia con el ejemplo de vida y en eso los jóvenes son tremendamente exigentes. El Papa en el encuentro mundial de la juventud en Río lo señaló sin dejar lugar a ninguna interpretación contemporizadora.

"Con la Cruz, Jesús se une a los muchos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio".

Los jóvenes saben muy bien distinguir y respetar a los pastores y laicos que viven con integridad y coherencia lo que anuncian aunque puedan cuestionar algunos temas referentes a lo institucional y la sexualidad. Solo en la medida que podamos ser una iglesia misionera, orientada “hacia fuera”, desenclaustrada, comprometida con la periferia y servidora de los pobres; una Iglesia: “abogada de la justicia y defensora de los pobres ante las intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al cielo” podremos ganar un espacio de mayor atención y credibilidad. En otras palabras, viviendo en permanente proceso, de conversión, porque también nos arrastran los criterios del mundo, hacer todo lo posible para salir al encuentro de sus inquietudes.

Esta demanda presenta un desafío enorme porque no hay caminos marcados, todo está por hacerse, sobre todo en ciertos tópicos como son los que marcan un perfil de una inmensa cantidad de jóvenes españoles. Quisiera enumerar algunas de estas características: La confusión de valores donde se exalta el hedonismo, el materialismo, el consumismo y el individualismo. Un dato que corrobora este enunciado es el arrojado por el ex Defensor del Menor de Madrid, Pedro Núñez Morgades, el cual afirma que en 2005, antes de la crisis, un 60% de los jóvenes admitía ser "consumista" mientras que solo un 20% se definía cono "trabajador" y apenas un 13% como "generoso". Para la mitad de ellos, lo más importante era el "ocio" y la "vida sexual satisfactoria". Estas cifras en los últimos años pueden variar pero nos muestra una tendencia.

Si bien es cierto que nuestros jóvenes sienten la sugestión de tantos ídolos, no hay que dejarse desanimar por el mal. El cristiano esta llamado a tener una visión positiva de la realidad y saber dejarse sorprender por Dios mostrando nuestra alegría y esperanza que siempre nos acompaña. Pero debemos hacerlo mostrando con nuestra propia vida caminos inmensamente más significativos.

Es tiempo de estar abiertos a nuevas experiencias sabiendo que son los jóvenes quienes principalmente evangelizan a los jóvenes. Por eso a ellos va principalmente dedicado este sencillo artículo. Me gustaría terminar como comencé trayendo a la memoria las palabras del Papa dichas en la vigilia de Copacabana y la misa de clausura de la JMJ: « El Evangelio no es para algunos, sino para todos; no es solo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, mas acogedores. Es para todos. No tengan miedo a llevar a Cristo a cualquier ambiente»... «Chicos y chicas, ¡No se metan en la cola de la historia! ¡Sean protagonistas!». «No dejen que otros sean protagonistas del cambio. ¡No balconeen la vida! ¡Métanse en ella con Cristo Jesús!». Vayan hasta a las periferias existenciales, también a quién parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia, de su amor».El siempre nos acompaña. Pero debemos hacerlo mostrando con nuestra propia vida caminos inmensamente más significativos.


Es tiempo de estar abiertos a nuevas experiencias sabiendo que son los jóvenes quienes principalmente evangelizan a los jóvenes. Por eso a ellos va principalmente dedicado este sencillo artículo. Me gustaría terminar como comencé trayendo a la memoria las palabras del Papa dichas en la vigilia de Copacabana y la misa de clausura de la JMJ: « El Evangelio no es para algunos, sino para todos; no es solo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, mas acogedores. Es para todos. No tengan miedo a llevar a Cristo a cualquier ambiente»... «Chicos y chicas, ¡No se metan en la cola de la historia! ¡Sean protagonistas!». «No dejen que otros sean protagonistas del cambio. ¡No balconeen la vida! ¡Métanse en ella con Cristo Jesús!». Vayan hasta a las periferias existenciales, también a quién parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia, de su amor».