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12 ago. 2014

VOLUNTARIOS EN MISIÓN. GUATEMALA.

Mª Carmen Marquez. Voluntaria en Guatemala.

"Deberíamos aprender de lo bueno que tienen nuestros hermanos guatemaltecos y volver a recuperar lo que en origen nos hace a todos hermanos".


Me han asignado al colegio Capitán Victor Manuel Barrios por la mañana, después del almuerzo a El Hogar un par de horas para ayudar con los pequeños, principalmente con la ortografía y las matemáticas. En cuanto a ortografía, no saben siquiera distinguir entre mayúsculas y minúsculas, punto y aparte o sencillamente punto.
Por las tardes, empecé unas clases de Microsoft Word y Microsoft PowerPoint con algunos de los chicos del hogar. Por desgracia, sólo unos pocos están aprovechando esa oportunidad.

En el colegio Capitán Victor Manuel Barrios hay muchas necesidades de todo tipo: de comida, de ropa, de educación, de mantenimiento en cuanto a limpieza del mobiliario.
Para hacernos una idea del estado del colegio este sería el baño de los profesores, siempre en mejor estado que el de alumnos
Los profesores del centro nos reciben a los voluntarios con el mayor  cariño y la acogida es siempre magnífica. Los niños que acuden al colegio al menos pueden comer ese día lo que se les ofrece en el colegio por la mañana y algunos de ellos también van después del almuerzo a El Hogar dónde vuelven a recibir alimento.

La directora del colegio, la señora Thelma está siempre intentando recaudar fondos para dar de comer a los niños. Nos ha comentado la posibilidad de organizar un mercadillo benéfico de ropa usada, a un precio módico para poder comprar huevos para los niños. Cualquier aportación será bien recibida. Así que ya estoy preparando un hatillo de ropa que puedan vender para conseguir Quetzales, la moneda nacional.

Lo que más me ha sorprendido de este pueblo es lo agradecidas y cariñosas que son la mayoría de las personas. No hay mañana que no reciba varios besos y abrazos al encontrarme con ellas. Está siendo lo más gratificante de todo. Aquí uno se olvida de la vida ajetreada, tan fría y despegada que llevamos en España, al menos en las grandes ciudades. No estamos tan acostumbrados a ese contacto físico, simplemente para demostrar cariño, de la manera en que se vive aquí. ¡Ojalá pudiera llevarme conmigo esos gestos y poder reproducirlos en la vida diaria allí! La vida en la casa promueve la hermandad. Se desayuna, se come, se cena, se va a misa, se va al trabajo, juntos. A veces toda la comunidad, en ocasiones en pequeños grupos según las tareas de cada cual, pero siempre en comunidad. Aquí la individualidad está suprimida, gracias a Dios. Deberíamos aprender de lo bueno que tienen nuestros hermanos guatemaltecos y volver a recuperar lo que en origen nos hace a todos hermanos. Aquí parece posible que se haga realidad todos los mensajes de fraternidad, amor, solidaridad y respeto que desde la sociedad occidental se mandan pero hasta ahora sólo he empezado a creérmelo en este lugar.