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12 ago. 2014

MISIONEROS ESPAÑOLES ANTE EL ÉBOLA:"TENEMOS MIEDO, PERO NOS QUEDAMOS AQUI PORQUE QUEREMOS"

Impactantes testimonios del agustino José Luis Garayoa y el salesiano Agustín Cuevas
"Si en una aldea se multiplican los infectados, aíslan la aldea, dejan morir a todos, y luego incineran el lugar"

(Jesús Bastante,  Periodista digital)
 Es un virus que mata, y mucho. Y que se ceba con los más pobres, con los abandonados. También con losmisioneros y cooperantes que deciden, con libertad y en muchos casos por opción evangélica, permanecer a su lado, como hemos visto en el caso del hermano de San Juan de Dios Miguel Pajares, infectado por el ébola, y en las religiosas que han tenido que quedarse en Liberia.

"Sabemos que él hubiera preferido quedarse, pero permanecer allí infectado es casi una condena", resumen algunos familiares del religioso, quienes agradecen su repatriación, pero lamentan que no se haya hecho lo mismo con sus compañeros sin pasaporte español.
Muchos otros, en cambio, continúan trabajando, y denunciando, la situación de los más pobres en los rincones más olvidados. "De repente, miramos hacia África porque nos da miedo que nos contagien el ébola. Normalmente no iramos, porque el hambre no se contagia", denuncia, desde Roma, un religioso español. El Papa sigue de cerca esta crisis pero ha preferido no intervenir en los procesos de repatriación, muy delicados, y que dependen de cada país.

Sí hablan los misioneros. Desde el terreno, y en nuestro país. Uno de ellos es el agustino recoleto José Luis Garayoa, quien escribe desde la misión de Kamabai, en Sierra Leona. Hace cuatro meses que el misionero alertaba sobre la situación del ébola en la zona a través de su blog. "Es cierto que el problema es más serio de cómo nos lo presentan, porque tampoco es bueno provocar el pánico. Han muerto bastantes en la frontera con Sierra Leona y el virus ya lo tenemos aquí, en Kambia. También lo tienen en Liberia. Y parece ser que de los 5 tipos posibles, nos ha tocado el premio gordo, la cepa Zaire, la más mortal. Es la lotería de los pobres".
Las autoridades españolas se pusieron en contacto con él para que tuviera cuidado. "Lo que pasa es que no me veo embutido en un traje tipo espacial de la NASA para convivir con mi gente", explica. "Desde la OMS nos han hablado del protocolo que se sigue en estos casos: si en una aldea se multiplican los infectados, aíslan la aldea, dejan morir a todos, y luego incineran el lugar. Parece que eso era algo que sólo se daba en las películas, pero a pesar de lo duro que suena, sabemos que es así. Quizás ésa es una de las razones por las que no se puede hablar con detalle de todo lo que conlleva la aparición de un nuevo brote de ébola".
"No lo he hecho nunca, y ya no tengo edad para huir. Mis noches se llenarían de pesadillas al sentirme traidor a mi pueblo. Así que, con ébola o sin él, no pienso alterar en lo más mínimo mi salida del país que, si Dios quiere, será la primera semana de septiembre", aclara Garayoa en su blog.
 "Los misioneros no solemos ser nunca los primeros en abandonar el barco. Tampoco ahora. Si, como dice el Papa Francisco, el pastor debe de oler a oveja, conviviendo cerquita de ellas, con mucha más razón deberá estar presente si el lobo las ataca. Solo el asalariado huye cuando ve llegar el peligro. El buen pastor es el que da la vida por las ovejas. Y eso es amor que de Jesús de Nazareth aprendí".
Por su parte, el salesiano Agustín Cuevas trabaja desde hace años en la capital de la azotada, por las infinitas guerras raciales, religiosas y extremas, República Centroafricana. Ayer estuvo en Madrid en un acto con Misiones Salesianas, en el que también habló de la epidemia de ébola. "Está claro que es algo que está ahí y que puede llegar, ya que ahora mismo sólo tenemos a Camerún como país en medio, pero es tan grave la situación en Centroafricana que a la gente sólo le preocupa comer y no puede pensar en algo que para ellos es del exterior".
Aun así, el salesiano reconoce que "siempre hay que tomar precauciones, ya que por ejemplo la malaria ha aumentado en los últimos meses, aunque somos misioneros y estamos agradecidos de poder vivir allí y ayudar con nuestros medios a los que más lo necesitan".
Sobre las situaciones de peligro que ha vivido, Agustín Cuevas se mostró tajante: "Estamos allí porque queremos. En diversos momentos de máxima violencia desde la Embajada nos ofrecieron salir del país y ser repatriados, pero decidimos quedarnos al lado de la población".

"La situación en Bangui está más o menos tranquila gracias a la presencia de las fuerzas internacionales, pero el problema está en el resto del país, que es selva inaccesible, pero la población sigue necesitando comida y medicamentos", comenta sobre la seguridad que se percibe ahora mismo.