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27 oct. 2016

LAS SALIDAS DE MI TIERRA

                           Ramón Cazallas. Misionero de la Consolata.
“Sal de tu tierra”. Este imperativo de Dios a Abraham se repetirá billones de veces a través de la historia a muchos hombres y mujeres , hasta de otras religiones, que buscan otro futuro en pateras sembrando de cadáveres el Mediterráneo. Serán los refugiados, los subsaharianos que tienen que huir de su tierra porque son perseguidos por su religión o por salvar las vidas de sus hijos.
Como Abraham, van a otras tierras sin saber su destino ni el futuro que les espera. Todos los pueblos y culturas tuvieron sus pequeños o grandes éxodos con invasiones, guerras, ocupaciones y persecuciones por motivos religiosos, económicos, imperialistas. Normalmente, a los que están arriba, no les importan que salgan los que son parásitos en la economía, los que no producen, como no les importa que entren los que vienen con la esperanza de enriquecer fácilmente un lugar.
Pero vamos a lo nuestro. Bien pequeño, con tres años tuve que salir de mi tierra natal, Calzada de Calatrava, para Puertollano, en aquel tiempo era la tierra que manaba “leche y miel”. Mi padre no veía futuro para sus hijos. Cogió el “petate” y allí nos fuimos todos, también motivó esta salida un hombre de “iglesia?” que hizo lo que no tenía que hacer…
He tenido muchos “éxodos” en mi vida, el primero, quizás el más importante fué cuando descubrí que Dios me llamaba a estar entre los pobres, en la misión. Del Seminario de Ciudad Real me embarqué con los Misioneros de la Consolata. Nueva cultura, nueva convivencia con jóvenes de otras naciones y continentes. En la convivencia con ellos comprendí que tenía que salir de mi tierra, no la geografía, sino de mi propia tierra interior: mi cultura, mi manera de pensar y sentir. Que no era la verdad todo lo que yo pensaba y decía. Que la verdad era poliédrica y tenía muchas caras. Se da un rasgado interior que debes ir cosiendo e juntando ante otras mentalidades y culturas, sobre todo ante la Misión de Jesús que te hace caminar a otro ritmo y con otra intensidad de vida y de relaciones.
El mayor éxodo es vivir en concreto la Misión  después de doce años en Roma. Fué un salto de cualidad: los pobres, el Sertão nordestino de Brasil, me enseñaron tantas cosas: otra teología y otra espiritualidad que nacían desde abajo, desde los excluidos, los “sintierra” y “sinagua”, desde la injusticia institucional que había que destruir para que los pobres “tengan vida y vida en abundancia”. Los pobres eran mi libro de cabecera, y cada día avanzábamos siempre con un nuevo capítulo.
Nacieron “los vientos de media noche”. Momentos de derribo e construcción, momentos de romper las cercas de los fazendeiros y colocarlas en los terrenos de los “sintierra”, momentos en los que se ocupaba una tierra de nadie para construir un centro para atender los niños desnutridos e dar formación a los animadores de comunidades.
Dentro de ese mundo nace una nueva espiritualidad en la escucha de los pobres. Os la defino con algunas frase de ellos: “No se preocupe, Padre, Dios es más”. “Nosotros somos ricos en fe y los ricos son pobres”. “Lo poco con Dios es mucho”. En tiempos de sequías: La tierra sin agua es un cadáver. La lluvia es la misericordia de Dios para este Pueblo.
Todo ésto era para mí fuentes de espiritualidad. No podía orar sin  estos referenciales, no podía estar tranquilo con miles de niños  desnutridos.
Volver a Europa fué un “castigo para mí”. Pero era la tierra indicada. Tenía que salir de Brasil para otros servicios y aterricé en Portugal con residencia en Oporto. Después de los servicios institucionales que me encomendaron empecé a trabajar con los “sintecho”. Otro mundo desconocido pero apasionante. Viernes y Domingo, con los voluntarios salimos al Centro de Oporto desde las ocho de la noche hasta la tres de madrugada.
    
Los voluntarios  reparten cena y algo caliente para los que duermen en los soportales de los edificios o debajo de los puentes. Yo no dí todavía ni un café. Me limito al contacto personal, a escuchar sus vidas. Y qué vidas! Muchos son “sin techo” por vocación!? Otros, por problemas con sus propias familias, y un buen número de ellos excluidos por la misma sociedad y el paro laboral. Algunos viven tragedias y, en esa situación, se tiran a la calle a lo que sea y a por lo que sea. Os contaría algunos casos que se os pondría la carne de gallina.
         Me costó entrar en sus vidas hasta el punto, que al principio, algunos corrían pensando que era un policía. Ahora es una delicia.
         Cuando Dios nos indica salir de nuestra tierra nunca sabemos dónde vamos a parar. Ciertamente es la tierra que El quiere que hace que sea nuestra tierra.

Qué diría a los cristianos manchegos después de mi experiencia misionera? Varias cosas:
Que sean cristianos en Salida como nos indica el Papa.
Que escuchen las voces de los pobres que están a su alrededor.
Que salgan de sus televisiones, móviles y otros aparatos que nos atan para ver otro mudo.
Que entren en la “cultura del encuentro” con otras razas y personas que se encuentran en situación de pobreza.

Que abran los ojos para ver que otro mundo es posible con solidaridad

, amor, compartiendo lo que se es y lo que se tiene.