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6 abr. 2017

CARTA DEL PADRE MANOLO...DESDE MADRID


Madrid 16 de marzo de 2017

Queridos amigos y amigas:


Por aquí bien g. a Dios; como veis, por la dirección, actualmente me encuentro en Madrid, en nuestra casa de la calle de la Liebre; llegue el 7 de marzo para recuperarme y descansar, ya que el 3 de febrero me operaron en Bobo-Dioulasso de una oclusión intestinal aguda; la verdad que desde el 20 de enero no estaba en forma y cuando fui al Centro de salud de nuestra Parroquia, las Hermanas me dijeron que era la fiebre tifoidea o el paludismo, el caso es que tomé medicamentos durante 8 días pero el 2 de febrero tenía grandes dolores en el bajo vientre y le pedí al P. Oscar que me llevara a la Clínica San Leopoldo, allí, enseguida , los médicos me llevaron en ambulancia al Hospital Universitario para hacerme una radiografía, donde vieron que era un oclusión intestinal y que había que operarme rápidamente esa misma noche, de nuevo, vuelta a la Clínica San Leopoldo y allá empezaron a buscar el cirujano y el equipo que podía operarme; el cirujano, Dr. Benao, vino hacia las 11 de la noche y dio las instrucciones para prepárame para la operación, pero ésta se haría al día siguiente por la mañana en otra a Clínica, en la Clínica Exalab, que tenía un buen quirófano y e el Dr. Benao , un chico joven y un poco bromista me dijo: “que estuviera tranquilo, que yo era el primer blanco que iba a operar”; la operación comenzó a las 12 de la mañana, me pusieron una máscara y me dormí, cuando desperté eran las 15:30, estaba en una habitación y veía los rostros de algunos compañeros y Hermanas al lado mío.
Los días que siguieron a la operación fueron difíciles y ya que tenía grandes dolores, tenía el vientre muy inflamado, tenía una sonda gástrica, otra urinaria,  la cicatriz supuraba (eran 26 puntos de sutura los que me dieron) y los doctores me sacaban líquido apretando mi vientre, si me daban algo de comer o beber lo vomitaba…así hasta el día 12 de febrero, cuando cambió radicalmente el panorama, empecé a comer algo, a beber, hacer de vientre, a dar los primeros pasos, etc.
Mi hermano Antonio Damián, vino el 8 de febrero y desde entonces, fue él quien se ocupó de mi para asearme, acostarme, levantarme, etc.; eso liberó a los compañeros, ya que al mismo tiempo había otros tres compañeros enfermos en la casa y que ¡también necesitaban cuidados!.
Los puntos me los quitaron el 23 y el 28 de febrero, día de Andalucía y de mi cumpleaños, y el 6 de febrero, Antonio y yo cogimos el avión para Madrid, vía Bruselas.
Normalmente, en julio y agosto de 2017, tendría que haber venido de vacaciones. Así pues, mis superiores vieron bien que viniera a España para la convalecencia y las vacaciones; actualmente recupero bien pero sigo todavía de médicos y el 23 de marzo me harán una colonoscopia.
La verdad, es que nunca había tenido una enfermedad tan grave y ahora que he pasado por eso veo más claramente lo que pueden sentir todas esas personas enfermas, algunas son operadas varias veces, otras en fase terminal, otras con grandes sufrimientos no quieren vivir más…
También deciros que durante mi hospitalización, el 7 de febrero, un grupo de jihadistas, de Boko Haram o bandidos irrumpieron en casa de las Hermanas Franciscanas de Karangasso cuando ellas veían la TV después de la cena. Según la hermana Clara, dijeron que tenían órdenes de matar a todas pero que no lo iban a hacer y se llevaron a la Superiora, Gloria Cecilia Narváez como rehén y también la ambulancia Toyota Lan Cruyser que Manos Unidas nos había financiado en 2001. A cinco kilómetros, al llegar al cruce de Karangasso, la barrera estaba cerrada y ahí abandonaron el Toyota y siguieron con las motos.
La gente de la Misión, maestros, enfermeros, …oían que algo pasaba en casa de las Hermanas, pero creyendo que eran bandidos armados nadie fue a ver; llamaron a la Gendarmería de Koutiala que llegaron dos horas después; desde entonces nada se sabe de la hermana Gloria Cecilia, ninguna pista, ninguna petición de rescate… lo único cierto es que los islamistas o los bandidos han conseguido que no haya Hermanas en Karangasso que se ocupen de los huérfanos, de los niños, de los enfermos… y los dos curas africanos que hay en la Parroquia siguen ahí por el momento, pero no están tranquilos.
Por lo demás, sigo en Bobo-Dioulasso. En enero de 2017, dejé las cuentas del Sector y también el economato de nuestra casa de acogida; ya que desde el 1 de enero de 2016 fui nombrado Párroco de la nueva parroquia San Juan Bautista del sector 25 (barrio de Bobo, donde vivimos)
La nueva parroquia cuenta con comunidades cristianas de base que son muy dinámicas pero a nivel de infraestructura  queda mucho por hacer: la iglesia terminada pero falta el equipamiento (unos 150 bancos), la gente sigue viniendo a Miso con sus sillas o taburetes, últimamente un escultor nos hizo la Virgen de África, un Cristo de 1,50m de altura y el Vía Crucis para la iglesia…todo ha quedado muy bonito.
La casa parroquial a medio hacer, y faltan los despachos, el cerramiento de la propiedad, pero lo más urgente es una sala polivalente para hacer diferentes actividades con los grupos de la parroquia (jóvenes, niños, hombres y mujeres)
La situación en Burkina Faso es tranquila en las grandes ciudades pero hay zonas de inseguridad y de vandalismo, sobre todo en las fronteras y regiones apartadas lo cual ha hecho que la población haya creado sus milicias de auto-defensa que a veces chocan con los cuerpos de seguridad del estado.
Que Dios os bendiga y muchas gracias por vuestras llamadas, correos, y oraciones durante todo este tiempo de mi enfermedad.

Un fuerte abrazo a todos. P. Manuel Julián.