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21 jun. 2018

¿Y POR QUÉ NO?.


Tomas García Martín-Moreno. República Dominicana. Pregón de Fiestas en Fuente el Fresno. 
Los ríos no beben su propia agua; los árboles no comen sus propios frutos. El sol no brilla para sí mismo; y las flores no esparcen su fragancia para sí mismas. Vivir para los otros es una regla de la naturaleza.
La vida es buena cuando tú estás feliz; pero la vida es mucho mejor cuando los otros son felices por causa tuya” (Papa Francisco)
 

Estoy feliz y agradecido de estar hoy aquí, de contar con la confianza y el apoyo de vosotros para ser este año el pregonero de las fiestas de nuestro pueblo; de poder vivir y compartir estos días inolvidables de fiesta en honor a nuestra querida Santa Quiteria, después de tantos años, y de hacer mías estas hermosas palabras del Papa Francisco con las que he iniciado este pregón.
Días, éstos, para el reencuentro familiar, para los amigos, para la fraternidad compartida desde la alegría, la fe y la solidaridad que nos une con mi otra familia de Santo Domingo, República Dominicana, gente alegre y de buen corazón, que se encuentra físicamente a miles de kilómetros pero que siempre llevo conmigo en el corazón.
Quisiera que este pregón sea un homenaje a tantos fuenteros que, como yo, viven en otros lugares pero que llevan en su corazón a nuestro pueblo y a su gente. Y un homenaje, muy sentido también, a tantos misioneros que dejan su país, su cultura y sus costumbres pero no así sus raíces. Ellos fueron en mi niñez “inspiración” para ser  hoy lo que soy por la gracia de Dios y de vuestras oraciones.
No os oculto que este pregón me produce cierto nerviosismo pero también mucha ilusión y gratitud por la oportunidad de reencontrarme con muchos de vosotros a los que llevo años sin ver. Algo creo que hemos cambiado con los años. Por lo menos en lo físico.
Tengo que reconocer que ha sido vuestro cariño, vuestra oración y generosidad durante todos estos años la que me ha traído hoy a responder que sí a esta invitación que me hizo Don Teodoro, nuestro alcalde, en las últimas vacaciones. Y a llenarme de valor, de mucho valor, para hacer este pregón y hacer, a su vez, de este pregón un canto a la solidaridad, a la libertad, como religioso mercedario que soy, y cuya celebración jubilar estamos celebrando (800 años desde que se fundó nuestra Orden de La Merced para la liberación de los cautivos en el siglo XIII y que hoy con mucha pasión seguimos en la tarea). Un canto a la vida de nuestros mayores, de nuestros abuelos, de nuestros padres, hermanos, vecinos, de todos y cada uno de los que nos sentimos familia de este pueblo de corazón grande y alegre.

                                                          I
Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos… Para encontrar el niño que fui y algo de todo lo que viví.  Y entre emoción y nostalgia, y alguna que otra lágrima, pues reconozco que soy,  y he sido siempre, muy sensible y también algo inquieto.
¡Cuántas veces, todavía hoy,  muchos me recuerdan como el niño pequeño que su madre ataba de las manos y los pies, en la puerta de la casa de Valerio, el farmacéutico, donde vivía cuando era pequeño. Y que lo que hoy soy y donde hoy estoy es fruto de las raíces que me vieron nacer y crecer. De todo lo bueno y mucho que recibí con amor, esfuerzo y sacrificio de mis padres, abuelos, familia, vecinos, catequistas, profesores, sacerdotes, religiosas, y amigos. 
Muchas de esas personas que me vieron crecer, que me acompañaron y me ayudaron a creer ya están en el cielo junto al Dios de la Vida. A todas ellas mi oración y gratitud por siempre.
 Muchos son los recuerdos que me acompañan este tarde:
- Las noches estrelladas de verano en casa de mis abuelos Aurelia y Bernardo (El Zaga),
- El cine de las sábanas blancas en la fachada de mi tía Juana (hermana de mi abuela)
 -Los juegos en la calle al lado de la escuelita, las noches de verano, de salir a tomar el fresco, la calle de la barandilla, la tienda de la Leonor, el juego del escondite, el botebotero, las canicas, la misa de 11 los domingos, las flores a María, las fiestas y procesiones de Santa Lucía, la hoguera y los tomillos, Santa Quiteria, la harina y los panecillos, San Cristóbal y la verbena, la semana cultural en agosto, la ilusión del mercadillo de los martes. Algunos chuches o pollitos de colores.  Los veranos de clases de recuperación: el inglés y las matemáticas que me perseguían año tras año. Después serían la Física y la Química. La máquina de escribir dónde la Angelines.
-La huerta de mi abuelo Bernardo, la aceituna, las Peñas lisas… Mis amigos, primos, las chapas. El doctor Arsenio y la practicante, Montse, que pacientemente visitaban mi casa, fuera a la hora que fuera,  y cuidaban la salud de un niño que enfermaba con mucha frecuencia. El problema eran las anginas y vegetaciones. Y, por eso, la ilusión de saborear cada verano un rico helado donde Paulino, se veía frustrada;
-Las castañas de Aurelia y Modesto, de José (El pescadero) en el día de los difuntos, el entierro de la sardina;  La barbería de Vicentín, Las vecinas que se prestaban y ayudaban unas a otras. Nunca se criticaban, sólo se contaban las cosas. La escuela, los compañeros de curso, los maestros, la revista “Gesto”, los misioneros que nos visitaban,  compartían y contagiaban sus experiencias y aventuras vividas en países de misión, el Domund, las huchas, la Iglesia, la Primera Comunión,  las despedidas…

II

Cuando apenas contaba con 13 años, una tarde de septiembre conocí  al Padre Alejandro. La señorita María Eugenia, mi profesora de religión y de historia por varios años, me lo presentó.  Y este encuentro inesperado me cambió la vida. Su invitación en la plaza del pueblo a conocer y a compartir otro estilo de vida: la vida en el seminario mercedario en Valladolid dónde se encontraba él como formador. ¡Una verdadera locura, me dije!
 Sin embargo, esa misma noche, a solas, ya en casa y en mi habitación y después de una convivencia, meses antes,  en el seminario de Ciudad Real junto a otros amigos de la escuela, me animé a preguntarme: ¿Y por qué no? Era un adolescente inquieto, con muchos sueños, con la ilusión de ayudar, de vivir, de compartir con otros…  De ser feliz y ayudar a otros a serlo. Muy Quijote, verdad? Y creo que todavía hoy lo sigo siendo.
Siempre, desde pequeño, me llamaron mucho la atención las personas que vivían y dedicaban su vida a ayudar a los demás, a vivir para otros, sobre todo a aquellos a los que nadie miraba y nadie detenía su paso para ayudar.
La solidaridad siempre ha sido mi credo. Así mis padres, mis abuelos, mis vecinas, catequistas (Prado, Eva, Maricarmen) y amigos (Alfonso) me mostraron otra manera de vivir la fe, siendo muy feliz y ayudando para que otros también lo sean. Recuerdo el rostro de felicidad de los misioneros que nos visitaban en la escuela contando y contagiándonos sus historias.
Todavía  hoy recuerdo aquella madrugada de septiembre subiendo en el autobús en la plaza del pueblo con mis compañeros, diciéndoles adiós a mis padres. Una nueva ciudad y un nuevo camino por descubrir y vivir me esperaban.
Reconozco que, en aquel momento, no sabía bien a dónde se iban a encaminar mis pasos, mi vida, pero la ilusión era más grande que mis miedos,  y éstos se fueron haciendo cada vez más pequeños.
Mis padres accedieron a mi petición de vivir la experiencia en el seminario mercedario de Valladolid después de insistirles mucho, y de que Alejandro hablara con ellos y les convenciera. Al fin es psicólogo y parece que en esa ocasión le fue bien.  No era buen estudiante y era/soy muy inquieto, algo mimado y protegido.  Y eso le sirvió a él para convencer a mis padres.  (Hasta de esto Dios se valió para encaminar mis pasos hacia los suyos. Era lo que llaman ahora algunos psicólogos: un niño hiperactivo. Ellos tuvieron siempre la esperanza de que me cansaría y regresaría al poco tiempo. Pero no fue así y el tiempo fue pasando.
Así, cada vez que tomo el tren para Madrid y subo las escaleras eléctricas no puedo evitar mirar hacia adelante mientras mis padres desde abajo se quedan observándome muy emocionados. Una de esas veces, nos acompañó mi sobrino Aitor y le preguntó a mi madre qué por qué lloraba y mi madre le respondió, como pudo, “porque Tomasito se va en un avión muy lejos”, y él todo espontáneo a su edad de 5 años le dijo: “abuela ésta será la última vez que llores porque el año que viene el tío se va en coche”
En mis últimas vacaciones se me acercó una señora mayor y me dijo: no sabe lo que yo daría para que mis hijos me abrazaran así como usted abrazó a sus padres. Hace años que mis hijos no me abrazan y visitan. Quedé frío y perplejo sin saber qué contestar y en ese silencio le di un fuerte abrazo como respuesta a su confesión. Sus ojos se llenaron rápidamente de lágrimas y de agradecimiento. Y comenzó a contarme su vida, y lo sola que ella últimamente se sentía. Me recordó a otra señora española mayor que conocí unos meses atrás en Santo Domingo y que regresaba definitivamente a República Dominicana después de unos años viviendo en España a morir. Mire, me dijo, allá en España vivo sola y pasan los días y nadie pregunta por mí. Aquí, en República Dominicana, vivo en un apartamento chiquito pero cuando no es la vecina de arriba es la de abajo la que me pregunta y se preocupa por mí:
-¡Buenos días vecina!
 -¿Cómo amaneció? Y cuando quiero darme cuenta me sorprenden llamando a la puerta, y ofreciéndome un plato riquísimo de habichuelas y arroz.

III
Cuatro años en Valladolid, un año de noviciado en Galicia, cinco años en Salamanca en la universidad, cuatro años en Madrid y casi once años en República Dominicana es el resumen de mi vida hasta hoy. Estudios de bachillerato, Filosofía y Teología, Diplomatura en Educación Social, talleres de misionología, cursos de pastoral social y acompañamiento voluntario con los sin techo, los presos, ancianos, enfermos de Sida, inmigrantes y refugiados… Fueron años muy felices, de mucho aprendizaje y experiencias compartidas. También de crisis, sobre todo cuando había que sentarse durante semanas en el escritorio para preparar los exámenes finales con grandes manuales de filosofía, dogmática y demás teologías. Me rebelaba contra todo eso. No entendía por qué había que estudiar a Dios cuando Él mismo me hablaba y le veía a través de las personas que acompañaba cada día. Tuve grandes maestros, desde nuestras cocineras, transeúntes, presos, no tanto expertos en teología como en la vida humana, en humanidad, que sin saberlo fueron sembrando semillas de este sueño de lo que hoy soy.
Los mejores estudios que he hecho han sido junto a la gente, junto a los pobres y a los niños. De ellos he aprendido a ser más humano,  más sencillo, más de Dios. Han sido mi mejor universidad. ¡Nos falta tanto que aprender a todos a cualquier edad!

IV
En República Dominicana me han ayudado a ser mejor persona y mejor creyente. Pues fue allí recién llegado al país cuando vi a un niño de la calle que me cambió la vida. No me podía imaginar tal pobreza. Una tristeza me inundó el corazón, y a la vez, despertó en mí la esperanza de que junto a un grupo de jóvenes de catequesis de los domingos, los sábados en la mañana podríamos reunirlos y crear un espacio para jugar con ellos y alfabetizarlos. Fueron ellos,  los niños, los que nos llevaron a sus familias, a su comunidad mucho más pobre que la nuestra. Todavía recuerdo como una madre de un niño me ofreció una caja vacía de refrescos como su mejor asiento de la casa para que me sintiera confortable. Y cómo los niños de la merienda que se les ofrecía guardaban algo para sus hermanitos más pequeños. Una vez más, comprobé  que los que menos tienen te ofrecen y dan todo lo mejor. Cómo las familias de los niños y niñas de la fundación que acompañamos y de esas familias a las que ayudamos en la misión, cada año de semana santa en un lugar del país,  te ofrecen su mejor cama para que uno pueda descansar y sentirse confortable.
Junto a los voluntarios organizamos una salita de tareas en su comunidad, un pequeño comedor, los sábados de recreación. Los niños no sabían leer, jugar, compartir… Sólo pelear pero reflejaban una gran bondad de corazón y confianza en la ayuda que les brindábamos. ¡No os imagináis la alegría que siente un niño o un adulto cuando consigue poder escribir por vez primera su nombre! Yo he sido testigo de ese triunfo para ellos.
Les integramos en la Escuela, Colegios, visitamos a sus familias casa por casa, programamos una reunión mensual con los padres para charlar de sus hijos sobre Higiene, educación, salud…Trabajo infantil… Acompañada de una ayuda para la alimentación y nutrición de sus hijos. Que hoy en día dicha ayuda se ha convertido en un comercio solidario que una madre de los niños dirige como tendera. Y que ha sido construido en la propia comunidad para que puedan adquirir en pequeñas cantidades y a precio muy económico los productos de primera necesidad.
También les hicimos formar parte del campamento de verano con los niños y niñas de la parroquia. Y todo eso con la gran ayuda del Sindicato de guaguas (autobuses) de Manoguayabo que los trae y los lleva de la parroquia al Batey, todos los sábados de recreación, en la semana,  y actividades artísticas o recreativas a las que se nos invitan.
Los niños fueron creciendo y nos vimos en la necesidad de crear talleres de capacitación laboral para que pudieran después con nuestra ayuda formar sus propios negocios.
Voluntarios de la comunidad les brindaban la formación en tapicería, barbería, costura, locución… Imagínense)…  También se sumaron algunas de las mamás a la formación.
Nuestros adolescentes iniciaron así una capacitación más técnica y profesional en una empresa que quiso confiar y darles la oportunidad a los jóvenes, cuyos profesores eran los mismos  empleados (los mejores de la empresa) y el salón de la junta de la empresa se convirtió en un  aula de capacitación). A eso se sumó una nevera para las vacunas de los niños, una contribución para la comida de Navidad, para el campamento,  y la donación de 6 contenedores (Como remolques de camiones)  que hoy están situados en la parte superior de las oficinas de la parroquia y que han sido transformados en clases de una Escuela de Capacitación Técnica. Ah! Y la contratación de varios de nuestros jóvenes que se encuentran ya laborando como profesionales en la empresa.
La necesidad de visibilizar y compartir nuestro sueño en el país hizo que nuestro sueño se fuera proyectando y ampliando…  Ya no era el sueño de Tomás, era el sueño de toda una familia de amigos y hermanos que compartían y tenían un mismo sentir: desde España a Puerto Rico.
Y siempre contando con el apoyo de la sociedad dominicana y la bendición de la Iglesia dominicana a la que pertenecemos.
Así se puso en marcha la Caminata contra el Trabajo Infantil “Huellas de Ilusión” (en el marco de la semana contra el trabajo infantil – 12 de junio) Invitamos a dar un paso por la niñez a nuestra comunidad y a personalidades, instituciones y empresas que colaboran durante el año con la causa a decir No al trabajo infantil soltando globos de colores – Símbolos de los derechos de la niñez. Sin olvidarme del Reconocimiento Huellas ( que reconocen a empresas, personas, medios de comunicación que se han unido a la causa y el Brindis por la niñez.
Otra luz que nos llegó hace ahora cinco años: Las religiosas mercedarias de la Orden. A través de Sor María (Madre general) y después de Pilar, Eva (Dispensario Médico que hoy cuenta con el apoyo de todos, y especialmente de la Delegación de Misiones de Ciudad Real con Laboratorio clínico, odontología, cardiología, pediatría, rayos x, y otra monja, Aidé,  que lleva el proyecto Escuela Laboral: cursos de panadería y repostería, costura, informática, contabilidad…
El proyecto educativo toma fuerza y se consolida, al igual que el proyecto de salud. Se integra a la fundación a las niñas por la realidad tan triste y vulnerable en la que viven. Y se crea un nuevo proyecto educativo ERA (Espacio para Recrearse y Aprender) que hoy comparten cerca de 200 niños, niñas y adolescentes en las tandas de la mañana y de la tarde en el batey de Bienvenido. Y en proyección la construcción de un Centro de Desarrollo Comunitario en un terreno comprado por las congregaciones mercedarias de más de 4.000 metros que contempla la construcción de otro Dispensario Médico, Politécnico, una cancha deportivo, un comedor…
Son muchos los detalles y milagros que cada día hacen un guiño a la esperanza  de Dios en la humanidad. El ritmo de allá nos humaniza aunque es verdad que también a veces me desespera. “Al paso” me decía una señora mayor de la comunidad. “que parece usted un avioncito”. Usted no corre, usted vuela.
O como aquel joven que iniciaba su negocio de barbería al ladito de nuestro dispensario médico. Se dispuso a cortarme el pelo cuando la luz (allá la duración es de 4 a 7 horas al día) se fue y no pudo continuar su trabajo. La señora del negocio de comidas de al lado salió rápidamente y nos ofreció la luz de su casa para que el joven pudiera terminar conmigo: “su tiempo Padre es muy valioso” me dijo, si mi madre que ya es mayor puede recibir los medicamentos que necesita es gracias al trabajo que ustedes hacen en la comunidad. Déjeme ayudarle. Y así lo hizo, no sólo conmigo sino con todos los que fueron llegando después. Y mientras el joven me cortaba el pelo llamó a su mujer para decirle que llamara ala tienda y pidiera alimentos para la cena, pues esa noche tenían algo para llevarse a la boca.
La fe y la solidaridad van unidas en Dominicana, de la mano en el diario vivir de la gente de corazón alegre y hospitalario.
Fue ahí donde hace cinco años me ordené sacerdote. Redescubrí que Amor con Amor se paga. Y rodeado de los niños del proyecto, de mis padres, sacerdotes mercedarios, mercedarias y amigos dejé que Dios siguiera escribiendo en mi vida a través de mis renglones torcidos sabiendo que Él no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige.

v
Continuamos soñando y queriendo sumar más amig@s, que nos ayuden a seguir transformando la vida de nuestros niños pequeños en dignidad y derechos. En oportunidades. Teniendo la gran confianza que lo que se inició y se hace con amor, perdura eternamente.

Cada día en el rostro de cada niño, niña y jóvenes que acompañamos se dibuja una gran sonrisa  que vosotros, nuestro pueblo y nuestra Santa Quiteria hacen posible con su oración y ayuda.
No puedo olvidarme, en este momento privilegiado, de agradeceros en nombre de todos los niños de Dominicana, la ayuda generosa que nuestro pueblo ha ido prestando a nuestros proyectos; por ejemplo, con el mercadillo solidario que todos los veranos se lleva a cabo en la plaza de nuestro pueblo con el apoyo del ayuntamiento.  Ya sé que este año está de nuevo en marcha este proyecto y que muchos estáis ya colaborando con vuestras donaciones y ayudas para que sea un éxito nuevamente.  Estas pequeñas ayudas allí se multiplican como los panes del evangelio.
Como un pregón tiene que tener también su matiz reivindicativo, no quiero dejar de unirme a la aspiración de nuestro pueblo, que ya es un clamor, para apoyar la construcción de una residencia para mayores, a fin de que nuestros ancianos no tengan que abandonar el lugar que los vio nacer ni sus amigos y conocidos, con los que han compartido la vida. Animo a nuestras autoridades a tomarse muy en serio este compromiso que será un gran bien para todos.
Que suenen los cohetes y se pongan en marcha los tiovivos, que nuestra patrona luzca ya sus mejores galas para recorrer nuestras calles, acompañada de nuestra fe, solidaridad y emoción; que no olvidemos que las caridades comenzaron como un gesto de apoyo a los pobres para que también ellos puedan celebrar la fiesta.
Santa Quiteria nos une a todos los fuenteros de todas las ideologías y tendencias porque ella es lo mejor de nuestras fiestas.
Os quiero y os llevo conmigo, en el corazón. ¡Gracias! Dios os bendice.  Viva Fuente el Fresno!!! Viva Santa Quiteria!!!