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8 jun. 2011

LA IGLESIA DIOCESANA, MISIONERA POR NATURALEZA

      Jesús Álvarez Alcaide
       Sacerdote de Ciudad Real
       y miembro del IEME
           
Cuanto más viva y dinámica sea la Iglesia diocesana, tanto más hará presente y visible a la Iglesia universal y más fuerte será su movimiento misionero hacia los otros pueblos. La Iglesia es toda ella misionera, no solamente algunas instituciones o actividades de la Iglesia: “La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre” (AG 2).
                La responsabilidad misionera de la Iglesia universal se concretiza en cada Iglesia particular, por exigencia de la comunión: “La Iglesia universal se encarna de hecho en las iglesias particulares” (EN 62). En el momento presente, la misión sólo se puede hacer desde una verdadera comunión entre las iglesias diocesanas.
Los textos magisteriales actuales presentan claramente la responsabilidad universal de los Obispos (RMi 63). Pero para que el Obispo con su iglesia particular puedan asumir efectivamente esta responsabilidad, es imprescindible orientar todas las vocaciones (sacerdotal, vida consagrada, laical) en la dimensión misionera que le es propia, de suerte que toda la comunidad eclesial se haga misionera.
Si toda comunidad cristiana es misionera por su propia naturaleza, todos los bautizados somos misioneros, aunque de modo diverso según nuestra forma de vida cristiana que se hace diversa por sus acentos varios. Por eso, aunque algunos cristianos han asumido de por vida el carisma misionero, no podemos olvidar que la vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación a la misión. Todos los cristianos de una diócesis, desde los diferentes dones recibidos, debemos colaborar en la evangelización según nuestras posibilidades, facultades carismas y ministerios. De ahí la necesidad de que en cada diócesis haya una adecuada y bien organizada animación misionera, que nos anime a todos a ser verdaderos misioneros, a la vez que haga la coordinación entre los distintos agentes que lleven a cabo la animación (congregaciones religiosas, institutos misioneros, delegaciones diocesanas de misiones)