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11 jul. 2012

MÁS FUERTES QUE EL MIEDO

Luis Aranguren Gonzalo.  AntenaMisionera


“...que el miedo no presida nuestras vidas. Valemos mucho más. La dignidad humana no cotiza en bolsa pero es nuestro valor más preciado. Que no la coloquemos a los pies del caballo desbocado del miedo”.

El poder del miedo es voraz. Su efecto inmediato es la paralización de la sociedad civil que asiste incrédula al progresivo empobrecimiento del país, al desahucio cotidiano de decenas de familias de sus casas, al recorte de derechos, al secuestro de la democracia y a la sensación de que todos somos rehenes de eso que los medios de comunicación han acordado en llamar mercados y que parece cuentan con sentimientos y rostro casi humano, y que eclipsa a los miles de rostros concretos de gente que está sufriendo los efectos de una crisis que el mismo sistema basado en el libre mercado ha producido.


Días atrás, un prestigioso educador expresó que en estos tiempos hay que atender menos a los noticiarios y escuchar más música, con el fin de que el miedo no nos atrape del todo. Yo pienso que más bien hemos de armarnos pacíficamente frente a este monstruo. Frente al miedo, pues, frescura para no dejarnos enredar con el cuento del precipicio, del borde del mismo o de la caída libre; frente al miedo, indignación para poner nombre a los causantes de tanto desastre y para rescatar a las verdaderas víctimas inocentes de esta tragedia colectiva; frente al miedo, agilidad para que nadie quede en la cuneta, solidaridad organizada o espontánea en la ONG o en la comunidad de vecinos o en la parroquia; frente al miedo, profetismo para denunciar los ídolos que están causando tanto desastre y que hacen del mundo globalizado un cortijo dirigido por los nuevos señoritos especuladores; frente al miedo, serenidad para colocar las cosas en su sitio, para no trata todo de la misma manera, para saber diferenciar y relacionar; frente al miedo, calor humano para sabernos esperanzadamente vinculados aún por la bondad que nos hace ser mejores personas; frente al miedo, buscar la contra información adecuada que no encontramos en los medios convencionales que más venden; frente al miedo, paseo por la tierra de los datos concretos y reales que no solo hablan de más pobreza sino de más solidaridad y más gente que se acerca al mundo del voluntariado; frente al miedo, el reto de pensar por nosotros mismos con autonomía y libertad y crear un pensamiento-acción verdaderamente alternativo; frente al miedo, la dignidad de los excluidos del sistema que nos recuerdan que lo posible es real cuando le vamos poniendo rueditas al carro de nuevos proyectos, con imaginación y creatividad.

Frente al miedo, atender a los noticiarios con pensamiento crítico y escuchar música disfrutándola. Todo eso y mucho más, pero eso sí, que el miedo no presida nuestras vidas. Valemos mucho más. La dignidad humana no cotiza en bolsa pero es nuestro valor más preciado. Que no la coloquemos a los pies del caballo desbocado del miedo.