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19 oct. 2012

DESDE MI CARMELO


Sor Pilar de la Cruz
Carmelita Descalza.
Daimiel
Octubre llega a nosotros  este año como un manantial eclesial, lleno de fuentes y cascadas de donde brotan múltiples ríos y arroyos, el mes misionero por excelencia se llena de acontecimientos que sólo me atrevo a recordar: “Apertura del Año de la Fe, Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, celebración del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, San Juan de Ávila  doctor de la Iglesia”

Y ante esta agua superabundante en nuestra Iglesia, desde mi Carmelo me atrevo a recordaros una puerta y un camino para llegar mejor al manantial o tal vez para descubrir y gustar la belleza de la fuente, o sencillamente para beber de esta agua que apague nuestra sed.

            Una puerta
                       Corría la segunda mitad del siglo XVI y sorprendemos a Teresa de Jesús, la Santa Andariega, en su primer Monasterio de San José de Ávila. Un fraile franciscano, fray Alonso Maldonado, que ha venido de las Indias (América) visita a la comunidad y le cuenta la necesidad de doctrina de aquellas gentes que todavía no conocen a Jesucristo. “Fuíme a una ermita con hartas lágrimas; clamaba a nuestro Señor, suplicándole diese medio cómo yo pudiese algo para ganar algún alma para su servicio”(F.1), escribirá Teresa. Y el Señor le mostró ese medio “la puerta es la oración”(1M1). “Todas ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia…. ayudásemos a este Señor mío que tan apretado le traín”(C,1).



            La puerta para entrar en tan grandes misterios, en tan grandes necesidades, en tan gran amor, es la oración.

            Un camino
            Y para descubrir este camino viajamos en el tiempo, concretamente al siglo XIX. Esta vez sorprendemos a otra Teresa “Santa Teresa del Niño Jesús” tan conocida y querida por todos los misioneros, la joven carmelita patrona de las misiones y doctora de la Iglesia. Ella nos muestra el camino de los pequeños a los que ha sido revelado los secretos del Reino, el camino del Evangelio, de la santidad para todos, de la confianza en el amor misericordioso de nuestro Padre Dios. “El caminito es el camino de la confianza y del total abandono. Quiero indicarles que sólo hay  que hacer una cosa sobre la tierra: echar a Jesús las flores de nuestros pequeños sacrificios y ganarle con nuestras caricias”, “permanecer pequeño quiere decir reconocer su nada, esperarlo todo de Dios, como un niño pequeño lo espera todo de su padre, no inquietarse por nada…” .
            Y el camino para llegar al manantial es el caminito sencillo del Evangelio.

            También a nosotras llega cada día el padre Maldonado que tiene el rostro de nuestros misioneros de hoy y nos hablan de la necesidad tan acuciante del anuncio del Evangelio y de la pobreza inmensa de tantos hijos de Dios. Y como Santa Teresa suplicamos a nuestro Señor en oración nos dé medio cómo remediar tanto mal.
Desde este Carmelo de Daimiel agradecemos a  todos los hermanos que  dan su vida por el anuncio del Evangelio su generosidad y su entrega.  Que el Espíritu Santo os invada y os transforme en “misioneros de la fe” en nuestro mundo, “llamados a hacer resplandecer la Palabra de la verdad”.