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4 jul. 2018

"PASÓ HACIENDO EL BIEN"


Antonia Sánchez Morocho. Misionera Comboniana en Uganda.
"Sigue su huella" es una invitación para cada uno de nosotros que nos llamamos “cristianos” o sea, seguidores de Jesucristo. Pero, podemos preguntarnos: ¿Dónde encontrar esa huella de Jesús? Naturalmente la respuesta la encontramos en el Evangelio donde se nos dice todo (o casi todo) lo que hizo y dijo Jesús. Pero hoy me gustaría considerar con vosotros una frase muy cortita de S. Pedro que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles. “Él, (Jesús) pasó haciendo el bien…” (Hech. 10, 38).

“Pasó haciendo el bien” Creo que esa es la huella de Jesús que estamos llamados a seguir: pasar haciendo el bien. Qué bonito sería, al menos a mí me gustaría que cuando haya dejado este mundo, quien me haya conocido pudiera decir de mí, “pasó haciendo el bien” como Jesús. Y me pregunto: ¿cómo puedo yo pasar por esta vida haciendo el bien? Yo no hago milagros No he hecho ninguno en toda mi vida, o quizás sí, algún milagro chiquitín que he venido a saber muchos años después de que ocurriera. Una religiosa con la que viví por unos años, siendo yo joven, la volví a encontrar ella ya muy anciana.  Se había olvidado de mi nombre pero me dijo: “tú eres la que me enseñó a rezar sin libro”. (Ella cuando rezaba siempre tenía que leer las oraciones del libro.) Había aprendido a orar sin libro, con el corazón. Eso no se le había olvidado.
En mis tiempos mozos de misionera en Uganda fui profesora de Educación Cristiana en un Instituto para chicas. Algunos años después de dejar esta institución recibí una carta de una de mis antiguas alumnas en la que me contaba algo de su historia. Siendo estudiante universitaria se quedó embarazada. Le aconsejaron que abortara para poder seguir sus estudios, ella se negó rotundamente. Me decía en su carta: “Mi hijo vive gracias a lo que tú me enseñaste: ‘la vida de un ser humano es sagrada y solo Dios que la da, la puede quitar’.”  

Seguro que todos hemos conocido personas que pasan haciendo el bien de manera sencilla, sin hacer ruido, pero haciendo que los que están a su alrededor se sientan a gusto porque se saben aceptados y amados así como son. Personas que saben captar cuando alguien está triste o preocupado y saben decir una palabra de consuelo, saben dar ánimos a quien se siente abatido. Personas que saben renunciar a algún placer, legítimo, como puede ser un día de descanso, salir con amigos, ver una buena película, etc. para ir a visitar a un enfermo o a una anciana que está sola y que quizá se siente abandonada. Personas que son “manitas” y que saben arreglar cosas y se ofrecen en la parroquia o en el pueblo para ayudar a quien lo necesite. Personas que saben “escuchar” ¡Ay!, cuanto necesitamos hoy de estas personas que nos escuchan con interés, con paciencia, que nos muestran su cariño con un abrazo o una simple palmadita en la espalda.. Todos necesitamos compartir penas y alegrías. Para las alegrías quizá encontremos fácilmente quien nos escuche, para las penas no tanto, pero cuanto bien nos hace compartirlas con alguien.
Seguir la huella de Jesús, haciendo el bien. Y esto en un mundo como el nuestro donde parece, a juzgar por lo que vemos y oímos en algunos medios de comunicación, que el mal prevalece sobre todo: guerras, corrupción, atentados, robos, mentiras… No, nosotros los que andamos tras las huellas de Cristo no podemos permitir que el mal lleve las de ganar. Cristo nos llama, nos urge a que lo sigamos haciendo el bien en este mundo, nos pide que seamos valientes, que nos enfrentemos al mal con el bien cueste lo que cueste.  Quizás alguien nos tome el pelo, se rían de nosotros, y ¿qué? Que lo hagan. Nosotros vamos por el camino que Jesús nos ha trazado, seguimos sus huellas que nos llevan por el camino de la Vida, esa Vida en abundancia  que Él vino a traernos.

Un abrazo desde Uganda,