• SEMANA ESPAÑOLA DE MISIONOLOGÍA


    "Misión y redes" Burgos del 2 al 5 de julio de 2018
  • CURSO DE VERANO DE MISIONOLOGÍA 2018


    "El Espíritu nos impulsa por los caminos de la Misión" Segovia del 25 al 30 de junio
  • MENSAJE JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2018


    “Con los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos” Francisco - DOMUND 2018
  • Guía Compartir la Misión 2018


    Propuestas de voluntariado misionero para jóvenes
  • ANIMACIÓN MISIONERA


    Recursos para la animación misionera de jóvenes
  • SUPERGESTO


    Revista misionera para los jóvenes
  • GESTO


    Revista misionera para los niños
  • REVISTA MISIONEROS


    Revista misionera para adultos que recoge la actualidad misionera de la Iglesia

6 jun. 2012

17 DE JUNIO. DÍA DEL MISIONERO DIOCESANO

Damián Díaz. Delegado diocesano de misiones. 
Carta de presentación de la Jornada
En el entorno del aniversario del martirio de Vicente Hondarza, queremos sentirnos unidos un año más a nuestros Misioneros Diocesanos.
La aventura de la fe, y la recuperación de la amistad con Dios perdida a causa del pecado, comienza cuando un hombre escucha la llamada: SAL DE TU TIERRA, y se fía de Dios.
Recorrerá caminos desconocidos e inhóspitos, pero se sentirá acompañado por Aquel que le ha llamado, y en quien él ha confiado. La meta es una tierra prometida, y una abundante descendencia. Y Dios no falla en sus promesas, incluso contra las razones de la naturaleza.

Jesús, por su parte, encargará a sus discípulos: Vosotros sois la SAL DE LA TIERRA. Y les indicará el modo como realizar esa tarea: “Id por todo el mundo, predicad el Evangelio, bautizad a todas las gentes, y enseñadles a guardar todo lo que yo os he mandado”.
Y Pablo, el postrer apóstol, que repetirá “sé de quién me he fiado”, saldrá de su tierra, de su familia, de sus convicciones judías, para sazonar el mundo con la sabiduría del Evangelio, para construir el Reino, definitiva Tierra Prometida, y para congregar a toda la familia de los hijos de Dios.
Del mismo modo, nuestros misioneros diocesanos, han escuchado la llamada a renunciar a sus seguridades, salir de su tierra, y marchar lejos, para continuar trabajando por el proyecto amoroso de Dios y hacer de todo el género humano una sola familia. Y lo curioso es que, de esta manera, no sólo van sazonando las “tierras de misión” con la alegría del Evangelio, sino que al mismo tiempo se convierten el testimonio de verdad, justicia y amor en este mundo nuestro corrompido, y para nuestras comunidades tantas veces paralizadas por el miedo, la comodidad o la rutina.
Que nuestros misioneros diocesanos sean este año testimonio de disponibilidad y al mismo tiempo sabiduría de Evangelio, para aquellos que están lejos y no conocen a Jesús, con quienes comparten sus vida, y para nosotros, que necesitamos su ejemplo para embarcarnos en la Nueva Evangelización, sin olvidar la prioridad de la Misión ad gentes.