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27 ago. 2012

LA OPCIÓN POR LOS POBRES


Testimonio de la hermana Angela García, misionera de María Inmaculada en Mali, para Manos Unidas 

La hermana Ángela no lo duda: “Nosotros no vamos a marcharnos de Segou. Hemos hecho una opción por estas personas y por nuestra cabeza no pasa irnos de aquí”. La religiosa española tiene todas sus esperanzas puestas en su querido pueblo de Malí. “Los malienses no van a permitir una guerra. Nosotros, que vivimos de la fe, tenemos confianza en que van a lograr que todo se arregle”.
Ángela está recién llegada de Malí. Allí vivió, el pasado mes de marzo, el derrocamiento del presidente Turé; el reciente ataque al presidente de transición; el éxodo de miles de personas que huyen del norte en busca de sustento; la declaración del Estado Independiente de Azawad por parte de los independentistas radicales Tuareg y de los miembros de AQMI (Al Qaeda en Magreb Islámico)… Acontecimientos, todos ellos, que parecen abocar al país africano a una intervención militar. Es necesario recuperar, antes de que sea tarde, el poder en el maltrecho norte y la estabilidad en todo el país. “Pero en Malí no va a haber una guerra civil”, nos repite. La mayoría de los países de África apoyan al gobierno, excepto Nigeria y Mauritania, donde sientan sus bases los grupos islamistas radicales. Mientras tanto, por su parte, soldados franceses entrenan a la población para el enfrentamiento. Y ellos, los misioneros, acompañarán a su pueblo en su destino. Ya llevan vividos dos golpes de estado en muy poco tiempo –el de Turé y el ataque al presidente interino, Dioncounda Traore, en el propio palacio presidencial en Bamako. “Le abrieron la cabeza a golpes. No entendemos cómo pudieron entrar en el palacio y hacer eso…”. “Nos dijeron (nuestras superioras) que teníamos que irnos. Pero yo no quería abandonar a la gente. Yo quiero obedecer, tengo voto de obediencia, pero no me quiero ir”. Y, por ahora, allí sigue, pensando mil y una formas de ayudar a su gente, a sus vecinos.

En el norte del país reinan el caos y el miedo. “Ya han empezado a separar a los niños y a las niñas en las escuelas. Se ha prohibido la música y el fútbol”.


Recientemente los hemos visto destrozando el patrimonio de Tombuctú, en unas imágenes que recordaban a la voladura de Budas de Bamiyan en Afganistán de los talibanes. Los yihadistas de Ansar Dine y del Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO), grupos hermanos de AQMI, tratan de imponer la sharia (ley islámica) en todo el territorio. Y los tuareg se oponen tajantemente. Quizá sea ahí donde radique la solución al problema, en los enfrentamientos entre unos y otros, como los que han tenido lugar recientemente en Gao (una de las regiones controladas por los golpistas) y que, por ahora, inclinan la balanza de resultados hacia el islamismo radical. “Los padres blancos estuvieron en Gao hace poco y lo han encontrado todo destrozado”, dice la hermana Ángela.

Y mientras, la gente sigue huyendo de ese caótico norte “más por la falta de comida que por miedo”. A Segou, que está situada en el centro del país, a casi 300 kilómetros de Bamako, llegan los desplazados a miles: “Para verlos no tienes más que sentarte a la puerta de mi casa. Por ahí pasan familias enteras. Vienen absolutamente sin nada. Muchos están alojados en aulas del colegio público de enfrente… Otros, mientras se pueda, ocupan los dormitorios de “nuestras” niñas”. Por ahora, recursos tienen; además, el Gobierno va a dar una ayuda a la parroquia para que se reparta entre los desplazados”. Peor lo tienen los del norte, allí también se envía ayuda, que debe entregarse a los rebeldes en el opuesto militar que hay a 30 kilómetros de Gao. “Llegar, no sabemos si llegará. El otro día los vimos por la tele blandiendo las bolsas de con ayuda que acaban de recibir…”.

A pesar de todo lo que ha contado, la hermana Ángela confía tanto en Malí y en su pueblo, que ha venido a Manos Unidas a pedir apoyo para la construcción de unas aulas en un centro escolar. Y de paso nos deja caer que tiene que terminar de vallar el Jardín de Infancia, que los niños son pequeños“y es un peligro”. Puede que esta haya sido la primera vez en toda la charla que haya pronunciado estas palabras.

Porque Ángela confía en retornar a Malí en septiembre. Sabe que allí los religiosos cuentan con el apoyo de la población. Los Malíenses muestran un “respeto profundo a las comunidades religiosas y a la labor de los misioneros”. Tan es así que, tras el ataque a Traoré, el pueblo pedía gritando que nombraran presidente interino ¡al obispo!