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14 jun. 2016

33 ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE VICENTE HONDARZA.

Hoy es el 33 aniversario del martirio de Vicente Hondarza. Con él recordamos a nuestros misioneros diocesanos, así como a todos los perseguidos por causa de la fe y de la justicia.

Emiliano Hondarza. 

Vicente nació en Fernán Caballero, provincia y Diócesis de Ciudad Real, el día 15 de octubre de 1935 y murió, cruelmente martirizado, en Perú el día 14 de Junio de 1983... El mismo día de su nacimiento murió su madre.
Su infancia y adolescencia la pasó en Fernán Caballero, con toda normalidad y como un niño cualquiera; en la escuela del pueblo hizo los estudios de Enseñanza Primaria.
Al terminar la Enseñanza Primaria aprende el oficio de carpintero-ebanista, primero en su pueblo y después se perfecciona en Villarrubia d los Ojos. Fue allí, en Villarrubia, donde Jesús le llamó a seguirle más de cerca como sacerdote, y en Octubre de 1954, unos días antes de cumplir los 19 años, ingresó en el Seminario Diocesano de Ciudad Real.
En este Seminario estudia, según el plan de entonces, 5 años de Humanidades y 3 años de Filosofía.
Al finalizar los estudios de Filosofía, consultando con el Rector y demás formadores e incluso animado por ellos, decide dedicar su vida como sacerdote-misionero... Cree que Dios le llama para ser misionero "ad gentes".
Y así, en Octubre de 1962 ingresa en el Seminario del Instituto Español de Misiones Extranjeras (I.E.M.E.), que entonces estaba en Burgos, para estudiar allí los estudios de Teología.
Terminados los estudios de Teología, el año 1966 recibe en Burgos, en el Seminario, el Orden Sagrado del Diaconado y hace el Juramento de dedicar su vida a las Misiones.
En el I.E.M.E. encontró Vicente el cauce idóneo a su vocación:
1. Realizar su vocación misionera "ad gentes"
2. Vivir en equipo
3. Sin dejar de ser sacerdote diocesano.
El año escolar 1966-1967 hace un curso de Pastoral Misionera y, al finalizar el curso, recibe la Ordenación Sacerdotal el día 21 de Julio de 1967, en Fernán Caballero, de manos de Monseñor José Lecuona, Obispo perteneciente al I.E.M.E.
En Octubre de ese mismo año, 1967, sale como misionero a la selva colombiana junto con un grupo de compañeros del I.E.M.E., y allí permanece hasta el mes de febrero de 1973.
En Colombia creó un Colegio Cooperativo Agrario que lleva su nombre.
En Febrero de 1973 viene de vacaciones a España y realiza un Curso de Antropología.
El día 18 de octubre de 1974 llega a Perú. Veinte días más tarde muere su padre... Desde que llegó a Perú hasta el día de su martirio, que fue el día 14 de junio de 1983, ha estado siempre como Párroco de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Chancay, en equipo con otros sacerdotes. Siempre estuvo plenamente identificado con los pobres; con los campesinos; con los jóvenes, adolescentes y niños fuera y dentro de los colegios; con los marginados, moradores de los barrios marginales y demás personas que sufren las consecuencias de un sistema injusto y de una sociedad inhumana.
Y, como esa identificación con esas personas no está ni bien vista, ni bien interpretada por los ricos y poderosos, por eso varias veces ya había sido acusado como agitador, igual que a los otros compañeros del equipo sacerdotal y pastoral.
Por eso, tan pronto como se supo la noticia de su muerte, prácticamente la totalidad de la gente de Chancay, del Valle y de la Sierra está convencida de que su muerte no ha sido por un accidente, sino el resultado de un atentado con premeditación y que ha sido brutalmente golpeado y torturado, y nunca han creído ni creerán la versión oficial y otras versiones dadas por los periódicos y otros medios de comunicación. Es que la versión oficial y las otras no cuadran en absoluto con los signos y señales constatados en su cuerpo y en su ropa.
El pueblo de Chancay, los asentamientos humano-marginales, las cooperativas agrarias del valle y las comunidades campesinas de la sierra, con los que Vicente ha convivido, rezado, luchado y sufrido, saben que ha sido asesinado con  crueldad, y todos ellos lo veneran como mártir, y diariamente llevan flores frescas a su tumba.
Y nosotros aquí, en nuestra diócesis lo consideramos testigo auténtico de Cristo crucificado y resucitado. Es que Vicente, mucho antes de su martirio, ya había entregado su vida por los pobres.
Los autores intelectuales de su martirio, y posiblemente algunos de los ejecutores de su tortura y martirio, quisieron callar su voz de fiel mensajero y testigo ferviente de Cristo y del Evangelio, pero se equivocaron y no pudieron conseguirlo y nunca lo podrán conseguir, porque ahí está viva y activa la promesa de Jesús: "La Palabra de Dios no está ni muerta ni encadenada" y "el cielo y la tierra pasarán, pero mi Palabra o pasará".
Quiero terminar esta reseña biográfica con las palabras que nuestro Obispo D.Rafael dijo en una carta que escribió a Vicente, hace 5 años, al celebrar en Chancay el Vigésimo aniversario de su martirio; porque Vicente, y su ejemplo y testimonio, para él y para nosotros sigue vivo y presente.
Estas son las palabras de D.Rafael:
"Querido Vicente: Hoy tu presencia no sólo no ha perdido fuerza, sino que la ha ganado entre nosotros, tu Diócesis de origen. Lo palpo cada vez que me acerco a Fernán Caballero, donde naciste a la vida y a la Fe; lo aprecio en los alumnos de nuestro Seminario Diocesano, donde concretaste y cuidaste tu respuesta a tu llamada; lo comparto con nuestro presbiterio diocesano, donde se te admira como modelo...
En tí, la Iglesia, nuestra Iglesia, nosotros hemos respondido generosamente al Señor y nos hemos puesto en sus manos con disponibilidad total. En tí, todos hemos abrazado a tantos hermanos nuestros, necesitados de lo humano... y lo divino. En tí, nos hemos hecho proclamadores del Evangelio a los cuatro vientos de la humanidad. En tí, hemos superado la comodidad, el egoísmo y el apego a las cosas. En tí, hemos vencido la cobardía y el temor ante los más fuertes. En tí, el Otro, los otros han sido la razón única de nuestra vida.
Gracias, Vicente, por aportar esta dimensión a nuestra Iglesia, a tu Iglesia de Ciudad Real.
Déjame que aproveche para pedirte que intercedas para que el Padre nos siga bendiciendo con abundancia de vidas como la tuya. Por tí, Él sabe que somos buena tierra y que sabemos responder. Dile que no tenga reparos en pedir, aún hay muchos que estarían dispuestos. Dile que nos lo diga tan claramente que nos provoque una inquietud constante. Dile que nos ayude a hacer realidad aquello de que una Iglesia que no sea misionera no es auténtica; o aquello otro que tú sabías repetir: "Una Iglesia que no es mártir no es Iglesia de Jesucristo".
A tí, nuestro Vicente, gracias." Rafael


Emiliano Hondarza