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11 jul. 2016

EL MISIONERO ES PUENTE Y LAZO ENTRE CULTURAS LEJANAS Y DISTINTAS.

Pablo Muñoz. Fraternidad Misionera Verbum Dei
¡Queridos amigos de Sur y Sal!
¡Afectuosos saludos desde Roma! Son ya casi tres años que Nuestro Jesús, ascendido al cielo, decidió que tenía que apoyar la Nueva Evangelización en Europa después de 11 años en Filipinas. Normalmente cuando vamos a países de culturas diversas, como Filipinas, se requiere un tiempo de inculturación. Se trata de desmontar clichés culturales que hemos aprendido, que normalmente pensamos que sean únicos y universales, para aceptar otros de otra cultura diferente y que son tan validos como los que aprendemos en nuestra cultura. ¿Por qué os digo esto? Porque os puedo asegurar que al volver a Europa he tenido que hacer de nuevo el esfuerzo de inculturarme.
No ha sido fácil volver de una cultura donde el respeto es uno de los valores fundantes de la sociedad para entrar en esta cultura nuestra europea de constante conflicto interpersonal. No ha sido fácil volver de una cultura donde se busca constantemente la convivencia de unos con otros, donde todos buscan y hacen espacio para encuentros personales y comunitarios y volver a una cultura donde es tan difícil hacer espacio en nuestras apretadas agendas para encontrarte con amigos y con la comunidad. Y como estas cosas muchas otras que hacen que tenga que volver a hacer el esfuerzo por inculturarme en Europa y decirme a mí mismo: “Bienvenido a Europa! ¡Aquí también tienen necesidad del Evangelio!”.
Evidentemente es imposible hacer borrón y cuenta nueva, como solemos decir, en nuestra vida misionera. Es imposible olvidar una tierra (Filipinas) y unas personas (los filipinos y su cultura) que me han marcado mi vida para siempre. Vivo aquí sabiendo que muchas de mis actitudes son el fruto de una nueva manera de pensar y se sentir que se ha forjado allí. Un aspecto de la vida misionera que estoy descubriendo en estos años aquí en Roma es que el misionero es puente y lazo entre culturas lejanas y distintas. Normalmente cuando predico y comparto mis experiencias siempre cuento experiencias vividas en Filipinas, como me han marcado mi vida actitudes y valores que me han enseñado allí, y me doy cuenta que personas de aquí que nunca habían pensado a países tan lejanos empiezan a ser sensibles a los filipinos que trabajan aquí: se paran a hablar con ellos, les cuentan que conocen a un misionero que ha estado allí muchos años y luego me cuentan con alegría que están descubriendo lo que yo les contaba en el trato de amistad
que están estableciendo con los filipinos que conocen aquí.
Sí, es verdad, somos puentes interculturales y eso es un regalo que nos da Dios cuando abrimos el corazón y la mente y dejamos de absolutizar nuestra cultura y nuestra manera de ver las cosas para empezar a aprender de nuevo maneras de vivir y de pensar distintas a las nuestras. La espiritualidad misionera se puede adquirir aquí, en nuestros ambientes, no necesariamente en Filipinas, África o Sudamérica. Abramos cada día el corazón, la mente y nuestra agenda a personas nuevas, con las que no hemos hablado antes. O “perdamos el tiempo” con personas con las que antes solamente habíamos intercambiado un “hola, hasta luego” y empecemos a descubrir la riqueza que tiene el otro cuando lo miramos con los ojos de Dios. Que Dios continúe a hacer de todos nosotros puentes, puentes entre personas, puentes entre Dios y los otros.
¿Mi futuro? Pues de momento parece que Dios me quiere aquí. Estoy colaborando en los grupos de animación misionera que tenemos aquí. Mucha gente que quiere colaborar activamente en la Nueva Evangelización de Europa. ¡Aquí os mando una foto de vuestros hermanos italianos que tienen un corazón misionero!
Si os pasáis por aquí no dudéis en contactarme. ¡Feliz día del misionero diocesano! Un abrazo a todos desde Roma

Pablo Munoz